De izquierda a derecha: Zoilo (yo), Yolanda, Epifanio, Jacinta, La Chacha y Eulogia
El año anterior habíamos ido a Villa Paranacito para escapar de la policía que perseguía a Yolanda, por narcotráfico.
2024 fue un año único y aterrador. Primero el COVID-23 eliminó al 90% de la población mundial, y luego, justo cuando huíamos, una invasión extraterrestre.
Recuerdo que empezó cuando cruzábamos el Uruguay en una lancha robada. Nos asustaron unas luces en el horizonte, eran los alienígenas que comenzaban a eliminar lo poco que quedaba de la humanidad.
Al final, como en la Guerra de los mundos de Wells, murieron gracias a la contaminación, pero nos dejaron una pesada herencia.
Acabamos de pasar la entrada a Villa Paranacito; nos quedan cerca de tres horas y media para Concordia, donde planeábamos esperar el Año Nuevo.
Esta vez Eulogia nos transportaba en su coche, y además del que suscribe iban Jacinta y mi madre la Chacha.
De cómo sobrevivió mi madre después de la escapada del año anterior podría escribir otra historia.
En Concordia nos encontramos con mi hermana Yolanda y su pareja Epifanio. No los veía desde hacía meses. Con la caída de la Civilización tal como la conocíamos, todas los delitos fueron perdonados. ¡Claro!, casi no existía ni policía, ni jueces, ni carceleros…
Esta ciudad tuvo suerte, de un millón y medio que tenía en el 2023 quedaron seiscientos mil, es decir que un tercio de los hoteles todavía funcionaban.
Nos alojamos en el Hotel Mayim que posee piletas de agua termal, sauna e hidromasaje.
Me tocó dormir con Jacinta.
Descansamos y por la noche decidimos ir a la Costanera sobre el río Uruguay, desde allí se podían ver a los uruguantos, que son los uruguayos que sobrevivieron al ataque de los alienigenas pero que han cambiado, se podría decir que son lo más parecido a lo que se conocía como zombies. Una peste traída por los invasores los puso en coma, casi muertos, pero por alguna razón son muy ágiles e inmunes al dolor, capaces de hacer cualquier cosa, y les gusta la carne humana. Por fortuna, estaban del otro lado del río y no toleraban el agua por lo que pensé que podíamos considerarnos a salvo.
Aunque en estos tiempos nadie puede considerarse de esa manera.
En el camino sufrimos otro “regalito” de los Aliens:
Cuando se vieron perdidos destruyeron sus naves, y los reactores que éstas poseían afectaron el tiempo en determinadas zonas. Se las bautizo Fluctuación temporal (FT). Los 15 minutos que se tardaban desde el hotel al río se convirtieron en 2 horas. Llegamos cuando estaban por cerrar los carritos. Igual disfrutamos de unos crepes y de cerveza artesanal, aunque cada tanto se escuchaban los aullidos de hambre de los uruguantos.
Cuando regresamos nos volvió a atrapar la FT y llegamos unos 5 minutos después de que nos habíamos ido.
Menos mal, porque si nos hubiéramos encontrado con nosotros mismos se hubiera producido una paradoja temporal que podría haber acabado con el planeta.
Muchas veces algo muy simple trae consecuencias terribles.
Por la mañana Yolanda, Epifanio, Jacinta y yo decidimos dar una vuelta por las cercanías. En la conserjería nos advirtieron sobre un rumor de que un grupo de uruguantos había logrado cruzar el río.
No les hicimos caso.
La mañana pintaba muy soleada y calurosa.
Anduvimos por la ruta y luego giramos por un camino de tierra hacia el Uruguay.
Epifanio encontró una piedra con inscripciones extrañas y se la guardó.
Jacinta insistió en atravesar una antigua fábrica abandonada para acortar el viaje. Ahí empezó el problema.
Epifanio y yo le dijimos que no era prudente, ni caso nos hizo.
Ella iba unos metros delante nuestro cuando aparecieron. Sería un grupo de unos 20 uruguantos.
Gritaron y babearon excitados y se nos echaron encima.
Los cuatro corrimos en dirección al hotel.
La más retrasada era Jacinta y fue la primera que atraparon. Sus alaridos nos hicieron correr más rápido. Era cerca del mediodía y el calor se hizo insoportable. Me dolía el costado cuando llegamos a la ruta pavimentada.
A ellos nada lo cansaba.
Milagrosamente apareció un coche solitario en dirección al hotel.
Sin embargo, estaban demasiado cerca.
Yo no sé si lo hizo a propósito para darnos tiempo o de verdad tropezó, pero Epifanio se fue al suelo y no tardó en ser atacado por aquellos seres, dándonos a nosotros una oportunidad de sobrevivir.
Tuve que arrastrar a Yolanda que porfiaba por rescatarlo.
El coche se detuvo y nos alcanzó al Mayim.
En el hotel habían puesto barricadas y trabado las puertas.
La Chacha y Eulogia nos esperaban preocupadas, y al ver el llanto desconsolado de Yolanda comprendieron que algo terrible había ocurrido.
Afortunadamente la policía abatió a los uruguantos.
Luego se supo que alguien con mala entraña los había cruzado a nuestro lado.
A la Chacha se le ocurrió algo increíble mientras jugábamos al truco.
¿Y si intentamos utilizar el FT para llegar antes de que partamos?
¡Debemos apurarnos!, dije no muy convencido.
Hice unos cálculos preliminares. Si entrábamos y salíamos de la Fluctuación Temporal lograríamos adelantarnos unas tres horas, lo que nos daría tiempo para avisarnos para que no hiciéramos la excursión.
Salimos para la costanera.
Luego de ir y venir un par de veces regresamos al hotel.
Justo a tiempo para vernos encarar la carretera.
Si, tambien habíamos creado una Paradoja Temporal de conclusión imprevisible.
Nos gritamos que no siguiéramos, que los uruguantos habían cruzado.
Al principio los vimos titubear, pero luego entendieron y pegaron la vuelta.
Nosotros… desaparecimos…
Ricardo Viti. 12 de enero de 2025