Montañas de escombros embarrados,
Son sueños rotos,
Bicicletas, juguetes, muebles, ropa
El coctel de lodo y agua mató todo
Los coches sucios e inútiles se amontonan en pilas huecas y amargas.
Los que alguna vez cargaron niños felices,
Duermen una siesta eterna, helada.
La gente deambula callada y sombría,
Llevan consigo bolsas de angustia e incertidumbre,
El barro se seca como secas son las lágrimas, ahora.
Y el sol sale tímido a alumbrar la tragedia,
Y un futuro, todavía oscuro,
Late en la tierra yerta.
Pasado pisado, enlodado,
Que nunca más volverá,
Como muchas fotos de antepasados,
Que como sus muertos, ya no están.
Miles de voluntarios llegan,
Como abejas a la miel,
Traen una esperanza ajena,
Con sus escobas, palas y fé
No será hoy ni mañana ni quien sabe cuando,
Que la vida volverá sin llanto,
No se sabe.
Una mano sobresale entre las ramas,
Hay un cuerpo escondido,
Que se pudre sin ser visto,
Salvo por las alimañas.
Ricardo Viti, 10 de diciembre de 2024