Habían pasado dos años desde que Manuela se convirtió en vampiro y, desde que, gracias a Magdalena (su hermana), pudo salir de los brazos de una muerte eterna pero viva.
Era tal el influjo y la atracción que San Javier ejercía sobre los Palenque, que no habían podido aguantar y habían vuelto al pueblo a pesar de lo ocurrido, eso sin pensar en los extraños fenómenos que había provocado el cuadro que Ricardo, padrino de Manuela, les había pintado sobre una foto tomada en San Javier.
No obstante se encontraban nuevamente allí, no en la misma casa, sino en otra, en las afueras del pueblo y cerca de un campo tejido de leyendas.
La casa era pequeña pero amplia por dentro. No tenia esa sombra siniestra de la otra, ni el persistente olor a murciélagos (que no se sabia bien porque habían desaparecido de San Javier hacia tiempo), pero sin embargo también había algo allí, algo que se podía palpar pero no definir…
Tenia un jardín y una pequeña piscina rodeada de arboles, y detrás del jardín comenzaba el campo, de pastos y cardos muy altos, mas altos que una persona, ya amarillos en esa época.
Si te metías adentro del campo y a los pocos metros te dabas vuelta, ya no veías ni el jardín ni la casa, tenias que orientarte sin perderte haciendo marcas en el suelo o en los arboles. Ademas no servían las brújulas, pues por aquella zona bailaban como locas sin mostrar el norte.
La residencia era de una amiga de Nora (la madre de Magda y Manu) y se la habían prestado para pasar aquel verano.
Hacia ya tres días que estaban allí, y se lo pasaban muy bien, habían llegado las hijas, Manu y Magda, su hermano Santi, y sus padres Nora y Ricardo, además estaba Zapi, el hermoso perrito travieso de la familia, una suerte de peluca con patas, simpático, de carácter fuerte y decidido.
Esa tarde bochornosa de una Córdoba estival, Manu despertó transpirada dentro de una pesadilla atroz en la que su perro Zapi se perdía o se lo robaban por ser el único espécimen vivo de su raza. Con un grito ahogado que también despertó a Santi, volvió a la realidad que , agazapada, la esperaba…
Manu fue hasta la cocina, bebió agua fresca, le ofreció a Santi, y le dijo “Ah!, no sabés lo que soñé. me da miedo hasta de contártelo, pero antes tengo que ver a Zapi”, y saliendo al jardín comenzó a gritar “Zapi, Zapi ZapZap ZAp…!” encontrando que solo el silencio le contestaba…
A los 5 minutos ya estaba muy nerviosa, pensó en despertar a sus padres y a Magda pero luego decidió buscar a Zapi por su cuenta. En la casa y en el jardín no estaba, así que había que ver en el campo, seguramente Zapi se había distraído persiguiendo algún animal cerca de la arboleda que se encontraba a unos doscientos metros de la casa.
Se dirigieron a una senda que se encontraba al fondo del jardín y que los llevaba a la arboleda. A medida que se iban acercando parecía como si el pajonal los mirara , como si los cardos fueran ojos que avisaran a los espíritus del bosque la llegada de los intrusos..
Dentro del campo la temperatura era mayor, eran alrededor de las cuatro de la tarde y deberían darse prisa si querían volver para tomar la merienda.
Llegaron finalmente a la arboleda y comenzaron a llamar a Zapi de nuevo “Zapi, Zapi ZapZap Zap…!”, y nada. Se sentaron al pie de un árbol y de pronto, a Manu le llegó , como una ráfaga de aire, un presentimiento negro, oscuro, Zapi no se había perdido, no estaba entre ellos, era casi como sentir que tampoco estaba cerca, como si estuviera…
No sabia definirlo, y fue en ese momento, en medio de sus cavilaciones que sintió el ladrido familiar de Zapi , YAP, YAP, YAP!, y muy cerca, tanto que Manu dio un salto del susto, y junto a su hermano se dirigieron a la fuente del ladrido. “Desgraciado!”, decía Manu, “vas a ver cuando te encuentre!”, pero no lo encontraron, dieron vueltas y vueltas , persiguiendo al ladrido que parecía estar frente a ellos, y se fueron alejando de la arboleda, hasta que por fin, agotados de gritar y correr, se dieron cuenta que estaban completa y absolutamente perdidos…
Se sentaron a la sombra de un árbol, cansados, extrañados y muertos de sed. “¿Qué raro?”, dijo Manu, “no sé donde estamos, pero por otro lado no podemos estar muy lejos”, “¡subamos al árbol!”, dijo Santi, “así podremos ver donde está la casa”.
Con un mínimo de esfuerzo Santi trepó al árbol y miró alrededor…
“¿Y, se ve la casa?”, preguntó Manu.
El paisaje resultó sobrecogedor para Santiago, no había nada que le fuera familiar, lo que se veía, hacia todos lados, era una monotonía de pajonales de dos o tres metros, salpicados por pequeñas arboledas que como nubes en el cielo se desparramaban por el campo.
“¡No se ve nada!” exclamó Santi, y de un salto bajó del árbol sacudiéndose el polvo. “no seas estúpido Santi, no me asustes!, contestó Manu, “déjame subir a mí”, y dicho esto subió, y salvo el mismo paisaje que vio Santi, hubo algo que llamó su atención, no muy lejos se veía algo parecido a un arcoiris en miniatura, y parecía tan sólido que Manu pensó que era un cartel o algo así.
“¡Por alla vi algo!”, gritó, y saltando salió corriendo con Santi detrás.
Al contrario de un arcoiris típico, que nunca se alcanzan, éste parecía estar cada vez más cerca. Llegaron y descubrieron que no era material, era como una luz, y lo que se veía dentro del arco no era exactamente igual a lo que había detrás, la imagen que mostraba el interior era ligeramente turbia, como reverberante con el calor, y el cielo, en vez de ser azul como el de afuera, era plomizo y totalmente cubierto, con un techo de nubes bajo y amenazante…
“¿Y eso?”, dijo Santi cuando llegó y vio la cara pálida de su hermana mirando el arcoiris. “Rajemos Manu, volvamos a casa”, murmuró Santi, “Cállate!, me pareció escuchar los ladridos de Zapi ahí dentro”… y luego de unos instantes se escucharón , nítidos pero apagados, los ladridos de un perro.
Entonces Santi agarró una piedra y la tiró dentro del arco, el efecto fue como tirar una piedra al agua, por unos instantes la superficie del arco vibró un poco, .., y la piedra cayó del otro lado. Entonces Manu, con increíble decisión, tomó de la mano a Santi y se encaminó hacia el arco, desoyendo miles de voces que le decían dentro de su cabeza que si quería meterse en otro lío como el de la vez pasada o si se había vuelto loca…
Al cruzar su pierna el umbral, solo sintió un poco de frío, pero pasó, lo mismo que Santi, del otro lado, y como secretamente esperaba, no era el otro lado natural, aunque sí muy parecido, como si al dar un paso hubieran viajado uno o dos kilómetros. Además del otro lado apenas se veía el arco, como una pared invisible, por lo que Manu sugirió marcar el lugar, cosa que hicieron con piedras y ramas.
Al poco tiempo Santi descubrió un camino de tierra y los dos, tomados de la mano, caminaron hacia lo que parecía un caserío
Mamá y papá nos van a matar, pensó Manu, ¿Qué hora es?, deben ser cerca de las siete, y ya estarán llamando a la policía
De pronto, cuando estaban a unos trescientos metros de las primeras casas, empezaron a caer unas gotas gruesas, presagio de una tormenta de verano.
“¡Corramos!, dijo Santi, y enseguida llegaron a la primera casa, típico caserón de pueblo con una amplia galería de madera, donde se cobijaron.
Manu tenía frío, sed y hambre, y también Santi, por lo que aplaudieron para llamar la atención, pero nadie les devolvió el saludo, solo un lejano trueno y el rumor de la lluvia que se intensificaba por momentos, dando una imagen siniestra y oscura al lugar.
Cautelosamente, con muchísima precaución y un poco de miedo, Manu intentó abrir la puerta de la casa, que cedió sin problemas, y entró, seguida por Santi.
Era a un salón grande, lleno de instrumentos de labranza, con un sofá enorme al lado de una chimenea encendida (¿encendida?, pensó Manu, ¿Que raro!, ¿y la gente donde está?). Santi mientras tanto había entrado en una no menos grande cocina donde un locro se cocinaba a fuego lento en una cocina a leña. Se veían, sobre una mesa, tres platos, uno de ellos con una porción de locro aún caliente y un trozo de pan al lado. “¡mirá Manu,… comida!”…
Manu entró corriendo a la cocina y miró todo con sorpresa, “¿donde está la gente?”, dijo, mientras Santi se sentaba y probaba el locro, “No sé”, dijo Santi, “pero está buenísimo”, y entonces Manu sacó la olla del fuego y se pusieron a comer.
Mientras comían Manu recordó la historia que Nora (su madre), le había confiado: una vez hacia muchos años una amiga suya había descubierto un pueblo donde la gente parecía haberse disuelto en el aire un segundo antes, ¿como puede ser?, pensó Manu, si aquello ocurrió hace años y esto esta igual?, no entiendo nada…
Para cuando terminaron de comer había oscurecido mucho, por lo que buscaron algo que les diera luz y encontraron una lámpara de kerosén a la que encendieron rápidamente.
Afuera era ya de noche, y los dos tenían mucho sueño, por lo que siguieron recorriendo la casa hasta que encontraron una habitación con una gran cama de bronce con un edredón de flores amarillas, se tiraron con la esperanza de que fuera por un rato, pero el sueño los venció pronto…
A Manu le pareció que se despertaba, sintió un ruido como de rasgar contra la ventana, RIC,RIC, abrió los ojos y lo vio, era un niño pálido de ojos azules que la miraba de una manera muy extraña. Manu quedó como paralizada, algo le decía que eso era extremadamente peligroso, pero no sabia bien porqué, hasta que el niño sonrió, dejando ver unos colmillos puntiagudos y largos…, y Manu gritó, gritó tan fuerte que Santi se despertó tambien gritando del susto, por segunda vez ese día.
Al mismo tiempo que despertaba aliviada dándose cuenta que todo era un sueño, su espina dorsal se congelaba al escuchar un RIC, RIC en la ventana, quedó tan dura que no se atrevió ni siquiera a mirar…
“¡ZAPI! “gritó Santiago, “¡ES ZAPI!”, y se levantó de una salto para abrir la ventana. Entonces Manu, ya tranquila, miró, y por un instante, en vez de ver la cabeza peluda de Zapi, le pareció ver la rubia cabeza del niño vampiro…
Se quedaron jugando hasta que amaneció, aunque se dieron cuenta de ello por el reloj de Manuela, pues el cielo seguía tormentoso, las nubes tenían ese tono gris verdoso de las grandes tormentas, y la electricidad se podía palpar en el aire. Pero cuando salieron a la galería pudieron comprobar que nunca en su vida habían visto tanta actividad eléctrica. No había humedad alguna en el aire, solo relámpagos y rayos que se sucedían el uno con el otro, con los consiguientes truenos y el espanto de Zapi.
Decidieron intentar volver por donde habían venido, y poco a poco salieron del pueblo, caminando por el viejo camino de tierra, en búsqueda del arcoíris…
A medida que se acercaban, los rayos caían cada vez más cerca, provocando incendios en los secos pajonales y arboledas, mientras los truenos se unían en uno solo sin fin.
Manu alzó a Zapi, que se encontraba completamente aterrado, y se echaron a correr.
Ya muy cerca del arcoíris el espectáculo era dantesco, una inmensa hoguera donde el ruido del fuego parecía eclipsar al de los mismos truenos,…, y sin darse cuenta, llegaron.
!POR FIN!, dijo Manu, respirando agitadamente, pero Santi no le contestó, del otro lado del arcoíris no se veía ningún campo, del otro lado había un callejón oscuro y solitario de una ciudad, y era de noche,…, Santiago entonces dijo ” no tenemos que meternos ahí, ese nos es el lugar de donde vinimos”, y Manu contestó, “tenemos que cruzar Santi, no ves que esto se está incendiando, si no cruzamos ahora, nos quemaremos”, y era la pura verdad, el calor era sofocante cuando Manu tomó la mano de Santi y cruzaron…
Del otro lado hacia mucho frio , apenas cruzaron se dieron vuelta y el arcoíris , que era solo llamas, empezó a desaparecer, sin emitir ningún calor, como una película tridimensional.”¿a donde vamos?”, preguntó Santi, .., “no sé”, respondió Manu, “busquemos un teléfono o tratemos de ver donde estamos”, y depositando a Zapi en el suelo, comenzaron a caminar.
Era una ciudad muy rara, pensó Manu, parecía estar vacía como el pueblo anterior, y la construcción era tambien muy extraña, le recordó a Manu a las series norteamericanas, con grandes edificios.
“¡HEY YOU KIDS!”, los sorprendió una voz, y al darse vuelta vieron a un soldado vestido con ropa de combate, guantes y una máscara antigás colgando del cuello. “¡WHAT THE HELL ARE YOU DOING HERE?”, y, al ver la cara de espanto de Manu y Santi, suavizando la voz, preguntó, “Where are your parents little lady?”, mientras Manu, sorprendida, no se daba cuenta en que idioma le estaban hablando, “I’m asking you where are your parents, you should be at the shelter right now, or something very bad could happen to both of you ” continuó el soldado.
Manu empezaba a captar alguna palabra en inglés, pero estaba tan confundida que no podía hablar, fue entonces cuando el soldado los tomó a ambos por el brazo y comenzó a caminar rápidamente.
Enseguida llegaron a una boca de subte, donde una mujer, tambien vestida con ropa de soldado, abrazó a Manu y a Santi , les dio una manta para que se abrigaran y una especie de chocolate caliente que a ambos les pareció delicioso. Sin apenas esperar los condujeron a un ascensor que pareció bajar por varios minutos, y pronto se encontraron en una gran sala iluminada, los tres, mirando una gran pantalla de televisión donde aparecía un rostro reflejando tristeza y preocupación.
Al poco tiempo Manu se enteró de lo que ocurría. Se encontraban en Nueva York, en medio de un posible ataque nuclear, donde ya se habían detectado misiles y el impacto se esperaba en cuestión de minutos…
Era extraño, la gente no gritaba ni se desesperaba, solo lloraba o rezaba en silencio, y esto último hasta parecía gracioso, pues se rezaba viendo televisión, como si esta fuera una imagen religiosa.
Por la tele decían que se estaba intentando parar el ataque, mediante el famoso sistema “Guerra de las galaxias”, diseñado durante el gobierno de Reagan durante la década de los 80, desechado en los 90 y puesto en marcha en la primera década del siglo 21.
Al cabo de unos minutos, una sonrisa histérica se reflejó en la cara del periodista, solo dos misiles habían alcanzado su objetivo de los treinta que originalmente habían disparado, y, por supuesto, ninguno había dado en Nueva York, y antes que el periodista terminara de decir que los 52 misiles americanos habían dado en el blanco, el sótano pareció estallar de alegría, la gente comenzó a gritar como loca, se abrazaban , se besaban, lloraban de felicidad mientras pugnaban por abrirse paso hacia la salida.
Manu, mientras tanto, escuchaba por la tele que los ataques continuaban, que si se llegaba a producir otro como este era más que probable un “invierno nuclear” que bajaría varios grados la temperatura de la tierra haciendo imposible la vida sobre la misma.
Al cabo de un rato, Manu, Santi y Zapi fueron empujados por la multitud hacia los ascensores, y , casi sin darse cuenta, se encontraron en la calle.
Caminaron un rato, se sentaron en un banco de una plaza y, conmovidos, se pusieron a llorar. Extrañaban a sus padres, se sentían tremendamente solos y abandonados en ese mundo y tiempo que no era el suyo, ademas, era ya de madrugada y el frio, a pesar de la manta, se hacia sentir.
“Tenemos que encontrar otro arco”, dijo Santi, pues el que usamos antes se quemó.
“¡NO LO PUEDO CREEER!”, se oyó una voz a sus espaldas, con un familiar acento cordobés. “no me digan que han pasado por un arco”, continuó la voz, “si”, contestó Manu con cierta desconfianza, y agregó, “¿y vos quien sos?”, “soy Rafael, y hace tiempo me pasó lo mismo que a ustedes”, “cuando”, preguntó Manu sospechando algo terrible. “Hace cuatro largos años, aunque en realidad fue en 1942, lo que pasa es que salté por el arco desde 1942 al 2006” , “¿ESTAMOS EN EL 2010?”, preguntó Manu con los ojos llenos de asombro. “Si”, dijo Rafael, “¿y ustedes de que año vienen?”, “de 1994, dijo Manu, con los ojos llenos de lagrimas…
“¿y la única forma de volver es por el arco?”, preguntó Santi, “no”, contestó Rafael, “en estos cuatro años me he encontrado con gente que viaja de arco en arco, y no es esta la única forma de hacerlo. Yo, personalmente, me he decidido a intentar una de las alternativas”…
“¿cual es?”, preguntó Santi, “parece que si te encontrás en un radio de un kilometro de una explosión nuclear, los niveles de radiación producen, a veces, un arco para las personas que ya han viajado. Esto me lo contó otro viajante que lo había experimentado, pero no sé hasta que punto no te volvés loco en el intento, a este no se lo veía muy normal”.
Manu y Santi se miraron, y ante la perspectiva de pasar varios años sin encontrar un arco, decidieron acompañar a Rafael en su viaje nuclear…
Rafael tenia la teoría que el ataque nuclear se produciría a pesar de todo, y que uno de los primeros blancos seria Washington. Los rusos, después del golpe de estado de 1994, no habían podido superar la gran crisis económica y habían optado por una huida hacia adelante, por intentar sorprender a los americanos con la “guardia baja”, y es por eso que habían decidido jugar el todo por el todo, el juego final de una guerra termonuclear, confiando que sus inmensos refugios antiatómicos salvarían una buena parte de la elite rusa, que luego de varios años enterrados podrían salir a un mundo virgen y sin guerras ni crisis…Pero todo estaba saliendo muy mal, ni habían sorprendido a los americanos , ni el efecto del invierno nuclear duraría unos pocos años, la realidad era que convertirían al mundo en un planeta estéril como Marte o Venus. Rafael no era tonto, pensaba que de todos modos su vida corría serio peligro, y que valía la pena arriesgarse antes de morir a causa de la radioactividad. Manuela y Santi, por otro lado, estaban tan aterrados que eran capaces de intentar cualquier cosa con tal de salir de esa especie de pesadilla en vida.
Tardaron un poco en encontrar el coche de Rafael, pero enseguida se pusieron en marcha tomando por una de las autopistas de salida de New York, que estaba desierta, pues todo el mundo se encontraba festejando la no muerte y a casi nadie se le ocurriría en ese momento conducir un coche, ademas, ya no existían lugares donde escapar…
El viaje fue bastante largo, unas doce horas, y tuvieron mucho tiempo para conversar y enterarse de lo que Rafael sabía de los arcos.
“Los arcos”, decía Rafael, “son puertas que te permiten viajar de una dimensión a otra, de un lugar físico a otro, a una velocidad increíble, similar a la del pensamiento. Ahora bien, el salto puede llevarte a otro planeta, y morís por falta de oxigeno o bajísimas o altísimas temperaturas, o al fondo del océano, o a 1000 o 10000 años en el futuro o pasado , o a varios millones de años en el pasado, al medio del espacio, e inclusive a veces te puede transportar a dimensiones que no son necesariamente las nuestras, donde te puedes encontrar en un reino de fantasía y espanto, donde los espíritus, los monstruos y hasta los vampiros existen…”
“¿los vampiros?”, dijo Manu, “ahora entiendo lo que me ocurrió hace unos años, … , los vampiros viajaron por un arco hasta nuestra dimensión”
“Si”, dijo Rafael, “casi todas las leyendas de terror no son producto de la imaginación, sino de los arcos…” Y un profundo silencio los acompañó durante un buen trecho del viaje, sumiéndolos en sus propios pensamientos y cavilaciones…
Cada tanto paraban, descansaban o comían algo, y seguían viaje, devorando kilómetros, acercándose a su puerta de salida, o a su propia extinción.
Washington no vivía la libertad de New York, las medidas de seguridad eran rigurosas, y no pudieron acercarse lo que Rafael hubiera querido, lo más cerca posible del probable epicentro de la explosión. No obstante se contentaron con el inmenso parque donde se encuentra la estatua de Lincoln.
Santi estaba fascinado, hacia unos años habían estado en Estados Unidos, pero no en Washington, y ademas la temperatura era más benigna que en New York en el comienzo de aquel otoño final…
La radio portátil de Rafael transmitía musica clásica, salpicada por comunicados explicando las posibles cantidades industriales de bajas en Europa y Japón. Zapi, mientras tanto, saltaba y corría de un lado para otro, olisqueándolo todo, sumamente divertido en su nuevo mundo.
Era muy temprano, habían dormido en el coche y tenían sueño y hambre, por lo que fueron a un Mc Donalds y disfrutaron de una croissant caliente de jamón, queso y huevo con café aguado pero caliente tambien.
Cuando salieron el sol ya los acompañaba, era un día fresco y despejado, y si no fuera por las circunstancias, daban ganas de pasear e ir a conocer museos.
Volvieron al parque y se sentaron a mirar el paisaje. Una vez más sucumbieron en pensamientos profundos pero perdidos, …, hasta que una sirena antiaérea pareció detenerles el corazón…
ATENTION,…ATENTION…, THIS IS NOT A TEST… REPEAT…THIS IS NOT A TEST…EXPECTED IMPACT IN 60 SECONDS… EXPECTED IMPACT IN 60 SECONDS!!!… ATENTION ATENT……
Se escuchó por las bocinas instaladas en los altos edificios. Con voz temblorosa Rafael dijo “parece que los sistemas de alerta temprana ya no funcionan, la explosión va a encontrar a todo el mundo en la calle, Tomémonos de la mano, chicos, y apretemos los dientes, que esto va a desaparecer en cualquier momento…
Con pavor observaron una linea blanca, como la que dejan los aviones comerciales en el cielo, trazando un curioso arco en el azul y brillante firmamento.
El misil balístico, ya entrado en la atmósfera, comenzó su loca carrera de muerte. A unos 2000 metros de altura, casi sobre la Casa Blanca, se abrió un paracaídas, y casi detenido, a a penas 600 metros, estalló, formando una inmensa bola de fuego de tres kilómetros de diámetro que convirtió en luz y calor todo lo que encontró a su paso…
Apenas alcanzaron a ver un resplandor, similar al del flash de una cámara pero 1 millón de veces más potente, … , y luego la oscuridad, la más plena oscuridad…
Cuando Manu abrió los ojos creyó estar muerta, o ciega al menos, pues no veía nada, solo una cortina negra. Pronto se dio cuenta que no estaba sola, sentía a Santi y a Zapi a su lado, respirando aceleradamente como ella, pero estaba tan aterrada que ni siquiera podía hablar. Al cabo de un rato vio que estaban en una especie de sótano o habitación sin ventanas. No se oía ningún ruido, salvo la respiración de los tres. Poco después Santi le dio un empujoncito y le habló “¿donde estamos Manu?”, “no se”, respondió Manu, pero me parece que ahí hay una puerta.
Efectivamente, había una puerta y estaba cerrada, la habitación carecía de ventanas aunque había restos de algo que podría haber sido una, pero que ahora estaba tapiada.
La relajación los hizo volver a dormir, y solo se despertaron varias horas después, cuando se abrió la puerta y entró una figura humana, el resplandor de luz del otro lado los encegueció por un instante, y se abrazaron acurrucados contra un rincón. Zapi, por otra parte, empezó a ladrar.
“¡SOY YO, RAFAEL!” gritó la figura, ¿”como están, dormilones?, les traje algo de comida, …, ¿saben donde estamos?,”… “¡ESTAMOS EN CORDOBA! ,… , ¡EN 1942!, hemos vuelto apenas un instante después del momento en que desaparecí,…, el problema es que han pasado cuatro años, ¿como voy a hacer para aparecerme delante de mi familia?, estoy cambiado…”, y lo que en un primer momento pareció alegría quedó transformado en desesperación. Una vez más Manu y Santi pensaron en sus padres, ¿como y cuando volverían a verlos?.
Pasaron varios días en la chacra de Rafael, ésta se encontraba en las afueras de la ciudad de Córdoba, que en aquellos tiempos correspondía a lo que es hoy el Cerro de las Rosas. Al final Rafael se había presentado ante su familia y nadie se había dado cuenta, era tan inverosímil pensar que una persona podía cambiar tanto en unos instantes que poca gente lo noto, y aquellos que lo hicieron pensaron que El Rafa solo estaba un poco desmejorado.
Él les consiguió ropa de la época, y los mantenía en la Chacra, por temor a las preguntas de la gente. Los fines de semana los llevaba a San Javier, que en aquel entonces era un mísero caserío, para ver si encontraban un arcoíris.
Pasaron unas dos semanas, hasta que un sábado por la tarde, en San Javier, se empezó a formar una tormenta eléctrica de características inusuales pero ya familiares. Fue Zapi el que lo vio, parecía igual al de la primera vez, ladrando fue a donde estaban Santi y su hermana. “Algo le pasa a Zapi”, dijo Manu, parece que quiere mostrarnos algo, “mejor que nos vayamos que se va a largar en cualquier momento, debe haber sido un bicho” . “no”, dijo Manu, “no es un bicho”, “vamos Zap Zap”, y como siguiendo a un impulso extraño, Zapi comenzó a correr, seguido por Manu, Santi y Rafael.
Los truenos eran imponentes, se sucedían unos a otros, junto con los rayos, y unas gruesas gotas, “MIREN , AHI!”, grito Rafael, señalando una silueta luminosa, era el arcoíris, y enseguida llegaron…
Del otro lado se veía exactamente lo mismo que en la realidad, ni una diferencia, salvo el cielo, que parecia tranquilo y sin nubes, “¿qué hacemos?”, dijo Manu, “¿cruzamos?”, “Si”, contesto Rafael, “no van a encontrar muchas oportunidades como esta, crucen”, y dicho esto les entrego un bolso con su ropa, y con lagrimas en los ojos los abrazo a los dos, “los voy a extrañar, en cierto sentido somos como hermanos en el tiempo, chau, si vuelven a su época vengan a visitarme, los recordare…” y así fue como Manu, Santi y Zapi volvieron a cruzar el umbral del tiempo…
Del otro lado sólo hacia calor, saludaron con la mano la figura turbia de Rafael y se pusieron a caminar.
Pasados mas o menos diez minutos llegaron a lo que era la carretera, aunque no era una carretera, sino un camino de tierra , “Que pasa, nos equivocamos de camino?” dijo Santi, “no “, contesto Manu, estamos en el pasado, mirá, y señalo una carreta tirada por caballos que se acercaba Sin titubear Manu le hizo señas, la carreta paro y subieron …
“¿Que hacen por acá chicos?”, pregunto el conductor, “es que nos perdimos”, dijo Manu, “estábamos con nuestros padres, nos fuimos a pasear y no sabemos volver”, “de donde son tus padres?”, Manu se ruborizó, “mis padres son de Córdoba, pero ahora estábamos en San Javier. ” Ah, respondió el conductor, los puedo dejar cerca, este es mi hijo Joakim, y yo me llamo Basilio, venimos de llevar una maquina desde Córdoba a un pueblo cerca de San Javier”. Los nombres le parecieron familiares a Manu, lo mismo que la semejanza del hijo de Basilio con Santi, aunque éste tendría unos años mas que Santi, tal vez como Manu.
El viaje fue largo, cerca de dos horas, …, pensar que apenas habían tardado diez minutos con el coche de Rafael. En el viaje el conductor les contó que no era argentino, sino ucraniano, y que poseía una empresa de transportes. El hijo permanecía callado solo mirando a Manu y a Santi, dándose cuenta que la ropa que poseían tenia algo que no era normal y que, en el fondo de su corazón, había algo extremadamente familiar en esos chicos.
Cuando llegaron a la entrada del pueblo bajaron, saludaron con la mano y siguieron viaje ,…, y no habían pasado ni dos minutos que Manu se largó a llorar, ¿”qué te pasa Manu?”, dijo Santi, “¿sabes quienes eran esos dos, Santi, sabes quienes eran?”, “no”, contesto Santi, “¿quienes?”, “esos dos eran tu bisabuelo y el tata, tu abuelo, ¿no te diste cuenta?”, “no”,dijo Santi, ” aunque sentí algo raro , muy familiar”…
El arcoíris los había hecho vivir una experiencia imposible, un bucle en el tiempo, en el que se habían encontrado con su propio origen, lo que no sabían era que el acontecimiento había provocado otro arcoíris. Fue Zapi, de nuevo, el que lo encontró.
Se hallaba muy cerca de donde los padres de Manu habían alquilado la casa más de medio siglo después, y como en la anterior ocasión, Zapi los guió hasta el arco, aunque, cuando llegaron, no queria pasar…
Del otro lado se veía la casa que habían alquilado, y se alcanzaba a distinguir una figura humana, cuando Manu se acerco a ver no lo podía creer, era Nora , SU MADRE, que parecía gritar en el fondo de la casa.
Manu alzó a Zapi y sin pensarlo cruzó el umbral, al mismo tiempo que oía, “MAAANUU,…,SAAANTII!”… efectivamente era Nora, su madre, que los estaba llamando.
Se escondieron detrás de unos arbustos y se cambiaron de ropa, para después correr hacia Nora. “Pero donde se habían metido, hace una hora que los estoy buscando”, dijo Nora, “Es que Zapi se había perdido y salimos a buscarlo”, contesto Manu, “Bueno, tarada, la próxima vez avisá cuando te vas tan lejos, Magda salió a buscarte y todavía no ha vuelto”…Mientras no se haya metido en un arcoíris, pensó Manu, mientras caminaban juntos hacia la casa.
Sobre las ocho de la tarde Magda volvió, “Hola tontita, estuve tres horas buscándote”, le protestó a Manu, “y que querés, se perdió Zapi y nos costó mucho trabajo encontrarlo”, contesto Manu.
Comieron temprano y se quedaron en el fondo de la casa mirando las estrellas, aunque mas que estrellas miraban la luna, era una inmensa luna roja, llena, que daba un resplandor mortecino a la casa, al bosque y a Manu y su familia.
Estaban sentados tranquilos en las reposeras cuando se escucho un aullido profundo y cercano que heló la sangre de todos, “¿Y ESO?”, dijo Manu, “será el lobizón que te está buscando, contesto Magda, no muy convencida con la broma, pues el alarido era real, muy real, “será algún pájaro o un perro solitario”, respondió Ricardo, el padre de Manu, “No sé , pero yo me voy para adentro”, dijo Nora, y dicho esto se marchó, seguida por Santi y Zapi.
“¿Vos creés en los lobizones?”, pregunto Manu a su padre, “Mirá Manu, yo vivi mucho tiempo en Paraná, y por aquellas tierras hay tantas leyendas que al final terminás por creer que algo de verdad tiene que haber”.
A Manu la venció por completo el sueño, y apenas tuvo tiempo de irse a la cama, su cabeza era un torbellino de ideas, recuerdos y emociones vividas en las casi tres semanas que había vivido saltando por el tiempo, la verdad que había tenido mucha suerte en volver apenas tres horas después de su primer salto. Por otra parte, Rafael les había contado que lo normal era, o bien saltar a un momento muy distinto, o bien apenas instantes después del primer salto, aunque Manu no podía razonar en tan minúsculo detalle, lo único que queria era descansar, dormir , d o r m i r , d o r m…..
La despertó un grito agudo, mezclado con un llanto, ERA SU MADRE, con el corazón saliéndose por la boca corrió a la fuente del llanto, era afuera, en el patio, lo que vio al llegar no podía ser peor, Ricardo, su padre, yacía en la hamaca donde lo había visto por última vez, solo que su cabeza estaba casi completamente separada del cuerpo, y la pequeña galería no era mas que un inmenso charco de sangre. Nora, su madre, se aferraba al cuerpo inerte del marido llorando y aullando de dolor, bañada tambien en sangre. Ni Magda ni Santi estaban en la casa. Manu no sabia que hacer, era demasiado para ella, … , y se desmayó…
La despertó el ruido de voces, eran de la policía, ya era de mañana temprano, Nora estaba ojerosa y pálida sentada en una silla de la cocina respondiendo a las preguntas de los agentes. Manu se despertó, fue corriendo hacia su madre y la abrazó, llorando , “¡Que pasa, que pasa Mamita!”, le dijo , y Nora, con una mirada oscura y lejana le respondió, “no sé que pasa, pero me parece que la culpa la tenés vos, como siempre,¿ porque no te vas y me dejas tranquila ?”
Manu no daba crédito a lo que oía, su propia madre diciéndole, en un momento tan triste, cosas tan terribles…
Salió corriendo al patio, el suelo de la galería parecía manchado de barro, aunque en realidad era la sangre coagulada de su padre, pero no se detuvo, siguió corriendo hasta que no pudo mas, lo cual fue bastante pues Manu es una excelente corredora, y se sentó acurrucada bajo la sombra de un árbol.
Desde donde estaba se podía ver la casa, los dos patrulleros venidos de Córdoba, y el coche de Ricardo.
El aire de la mañana comenzaba a ser tibio, aunque había algo raro, lúgubre, de pronto Manu se sintió sola pero acompañada al mismo tiempo, de una compañía que jamas hubiera querido, de algo , …, pero sus pensamientos saltaron de carril de golpe al ver a su madre arrastrada por los hombres de la policía hasta uno de los autos y desaparecer en medio de una polvareda…
“¿Pero que pasa acá?” pensó en su confuso cerebro, ” nadie me viene a buscar, mi madre me acusa, no se donde están mis hermanos, mi padre ha muerto…” las lagrimas volvieron a su cansado cuerpo, y paso cerca de una hora llorando, tratando de calmarse y volviendo a sacudirse entre sollozos.
Cuando al fin se calmo, se puso de pie y volvió a la casa, las puertas estaban abiertas y no había nadie, parecía que la casa, desde afuera, la estaba mirando.
No obstante entró, recorrió la cocina, las habitaciones, el salón, efectivamente no había nadie, …, hasta que sintió unos pasos provenientes de la galería, “¡QUIEN ESTA AHI!” gritó Manu, mientras sentía el estomago hacerse un nudo y la garganta secarse, y cuando temblorosamente se acercó al patio sintió una voz que le helo las venas “SOY YO MANU, RICARDO, ¿DONDE ESTAN TODOS?” …
Manu dejó de caminar, y se sintió mareada,…, ¿qué hacia?
, ¿iba a ver a su padre o salía corriendo para no volver jamás?,… , ella había visto el cadaver de su padre ,¿ de quien era esa voz?, pero no tuvo tiempo de seguir pensando, cuando llegó a la cocina su padre ya estaba dentro, normal , entero … “¡PAPÁ!” gritó Manu y fue corriendo a abrazarlo, “¿Que te pasa linda, no sabés donde se fueron todos ?, me acabo de despertar y solo te encuentro a vos”, y mientras Manu lo miraba pensando que tal vez había sido una extraña y terrible pesadilla, que nada de lo de anoche u hoy a la mañana había ocurrido,…,miro entonces hacia afuera, a punto de suspirar en los brazos de su padre, cuando el suspiro se le quedo cortado junto con la mancha marrón oscuro del suelo de la galería, … .Los pelos de la nuca se le erizaron completamente y su cuerpo se puso duro como una piedra, …, ¿quien era la persona que estaba abrazando? , miró hacia arriba y gritó, gritó tan fuerte que se aturdió con su propio sonido, estaba abrazando a un cuerpo frio y seco, sin cabeza, …, se desprendió como pudo y salió corriendo de nuevo hacia el campo, sin mirar atrás, y corrió y corrió, hasta que se encontró perdida nuevamente, en medio de la soledad, y se metió en una arboleda, y cayó, pesadamente al suelo, rendida, nuevamente desmayada…
Cuando despertó era pasado el mediodía, en el aire se respiraba un olor dulce, como a podrido, y se sentía el zumbar de las moscas desde algún lugar muy cerca de donde ella se hallaba. No voy a ver que hay ahí, se dijo para ella misma. … Mientras se levantaba y caminaba hacia ese lugar, el olor se acentuaba por momentos, lo mismo que las moscas, y detrás de un árbol estaba la fuente, Manu sabia quien era, era su hermana, Magda, con la garganta destrozada como la de su padre aunque con la cabeza unida al cuerpo, y los ojos abiertos mirando sin ver, opacos…, Manu se acercó, su mente estaba tan endurecida que era capaz de hacer cualquier cosa, no puedo dejarla con los ojos abiertos, pensó, no me lo perdonaría jamás, y después de todo, ya esta muerta bien muerta, y se arrodilló acercando la mano a la cara de su hermana, pero cuando estaba por tocarla , Magda sonrió, con esa sonrisa negra de niño vampiro , y habló, “Dale Manu, cerráme los ojos, cerráme los ojos porque si no te llevaré conmigo a un sitio muy triste, muy trissste, muuuuuuuuuuyyyyyy trissssssste” y dicho esto aferró del brazo a Manu con una fuerza espectacular, sobrenatural, y se levantó, y comenzó a arrastrar a Manu entre los arboles como si fuera una muñeca de trapo, “¡SOLTAME MAGDA, SOLTAME MAGDA POR FAVOR!”, gritaba Manu, pero nada, aquello que parecía pero no era su hermana la llevaba de nuevo hacia la casa, murmurando un cántico de niños que su tía Marta les había enseñado, “naaaa nananá naaa nananá” dejando un olor fétido a su paso.
No habían hecho ni cien metros cuando una voz familiar gritó “¡DEJÁ A ESA NIÑA, DESGRACIADA, DEJALA O TE VAS A ARREPENTIR!” era tan fuerte la voz que Magda se dio vuelta y la miró , e inmediatamente soltó a Manu, la voz provenía de una viejecita encorvada de grandes anteojos de grueso cristal, vistiendo de negro con chaleco de lana verde, ERA LA BISABUELA DE MANU,”LA NONA”, pero la Nona había muerto en 1989, y habían pasado cinco años desde entonces, …, Magda se dirigió directamente hacia la anciana y Manu aprovechó para salir nuevamente corriendo, a toda velocidad, sin saber adonde iba…
El calor la detuvo a menos de un kilometro, además fisicamente y emocionalmente Manu estaba agotada, tenía ganas de desaparecer, de encontrar algún arcoíris y terminar esa pesadilla, ya no quería ni acercarse a una arboleda, ¿con que se podía encontrar ?, y cuando estaba a punto de volver a llorar vio una silueta a unos trescientos metros delante suyo, y se escondió.
Al poco tiempo se dio cuenta de quien era y salió, era Santi, su hermano, con Zapi dando vueltas y olisqueandolo todo, “¡SANTI, SANTI!” gritó Manu y corrieron los dos a abrazarse, “tenía mucho miedo , tenía mucho miedo, ” sollozaba Santi, y los dos se quedaron, un rato sentados en el suelo abrazados y llorando, y contando las mil y unas cosas terribles que habían pasado ambos en las ultimas horas, mientras Zapi los miraba, con una mirada triste e incomprensiva.
Santi aquella noche se había ido a acostar, y lo despertaron los gritos lo mismo que a Manu, pero alcanzó a mirar por la ventana y una especie de perro grande y peludo con forma humana y ojos muy rojos, le obsequio con una sonrisa, por lo que optó por esconderse en el entretecho y no salió de ahí hasta muy entrada la mañana, y ella ya no estaba cuando eso ocurrió, aunque tampoco se le ocurrió verificarlo pues sintió el grito de Manu y además se escuchaban las pisadas de su padre muerto caminando por toda la casa.
Al rato concluyeron que estaban en el sitio equivocado, que no habían saltado al mundo de donde venían sino a un mundo terrible, paralelo, lleno de los más oscuros miedos y fantasmas, y se dieron cuenta tambien que necesitaban buscar rápidamente otro arcoíris, porque a pesar que vivían en un mundo de fantasías, estas eran reales y podían hacerles daño, podían incluso m a t a r l o s …
Tenían hambre y sed, serían cerca de las dos de la tarde y el cielo se estaba nublando rápidamente, esto los puso contentos pues significaba la generación de un arcoíris…
A lo lejos se divisaba una casita, y se fueron acercando con precaución, afuera de la casa, en la típica galería, se veía una familia terminando de almorzar, charlando plácidamente.
“HOLA CHICOS ,¿TIENEN ALGUN PROBLEMA?”, les gritó el hombre , “Si, nos perdimos, estamos en San Javier y no sabemos como volver”, respondió Manu, “Yo les indico como llegar, ¿quieren algo de comer?, a mi señora le sobraron unas empanadas”, dijo el hombre, y esta vez fue Santi el que respondió, “sí, la verdad que nos morimos de hambre”, y dichos esto se sentaron a la mesa y comieron las ultimas empanadas que quedaban …
Al poco tiempo se largó a llover, fuerte y pesadamente, como frecuentemente ocurre en la sierra cordobesa. La señora les dijo a Manu y Santi que se quedaran, que ni bien escampara, Raul su marido los llevaría al pueblo.
Manu y Santi se quedaron sentados en la galeria, mirando el agua caer, con Zapi a sus pies, y no tardaron en dormirse…
Cuando Manu despertó ya era casi de noche, intentó pararse pero había algo que se los impedía, estaba a t a d a …, la señora, el hijo de ambos y el marido la miraban con una sonrisa extraña. La mujer fue la primera en hablar. “Mira mija, una vez por semana vienen los vampiros, y algo tenemos que ofrecerles, cada tanto pasa alguien como ustedes, y aprovechamos para dormirles con unas ricas empanadas. Hoy será una gran ocasión, pues son dos, y niños además, creo que por uno o dos meses no vendrán a molestarnos. Ya mataron a otro de nuestros hijos saben, y no queremos que se lleven al Oscarsito. Perdón, pero o son ustedes o somos nosotros…”
Manu miro a Santi y no dijo nada, se habían dejado llevar por la confianza y el hambre. Ahí tenían su premio, la muerte.
La noche llegó rápido, ahora ya no llovía pero el cielo era una sola nube negra llena de relámpagos y rayos, el arcoíris debería haberse formado cerca, tanto Manu como Santi lo presentían, sobre todo Zapi , que no hacia más que correr de un lado para otro. Raul había intentado atraparle varias veces sin éxito, cada vez que lo intentaba Zapi salía disparado y no había forma.
Sobre las doce de la noche aparecieron, eran personajes familiares para Manu, un niño rubio de unos doce años y un hombre alto, morocho y de rasgos afilados. “Hola Manu, dijo el niño, cuánto hacía que no nos veíamos, qué alegría verte a vos y a tu hermano esta noche, que a l e g r i i i i a…” y poco a poco se fue acercando a Manu hasta tener su cara muy cerca de la de ella, “no te preocupes, no vamos a hacerte daño, por lo menos no acá, te llevaremos a un sitio oscuro donde podamos divertirnos todos”
“¡N O !” se oyó una voz potente,” esos dos son nuestros, nosotros los encontramos primero”, eran Magda y Ricardo, bastante podridos ya, que venían a reclamar lo que creían eran sus posesiones.
Los dos vampiros se dieron vuelta y se acercaron a los otros dos cuerpos, “ahora van a ver quienes somos, pedazos de carne podrida, no tienen ningún derecho, además seguro que los destronarían sin ni siquiera comérselos”.
En ese momento Manu sintió que alguien liberaba sus cuerdas, era Zapi, que había estado mordiendo y remordiéndolas hasta que se rompieron, ” A mi ya me desató”, dijo Santi, ” lo que pasa que no podía decírtelo hasta que no hubiera terminado con vos, salgamos corriendo”, y dicho esto salieron los dos como balas hacia la oscuridad.
“¡SE ESCAPAN !”, gritó el niño, y salieron los cuatro disparados detrás de Manu, Santi y Zapi, “¡SEGUILO A ZAPI QUE EL NOS LLEVARÁ AL ARCOÍRIS!” dijo Manu, aunque era difícil seguir a Zapi en esa increíble oscuridad.
Por suerte el arcoíris estaba cerca, apenas a doscientos metros, la única forma de que los vampiros no los alcanzaran era entrar enseguida por lo que cuando llegaron ni miraron dentro, los vampiros estaban a metros de ellos, simplemente cruzaron el umbral , y , recién en ese momento, se dieron la vuelta, pero al dar la vuelta solo vieron una pared, el arcoíris se había desvanecido en el preciso instante que ellos cruzaron ¿donde estaban?. . .
Reconocieron el lugar inmediatamente, estaban en el baño de un avión, por eso los vampiros no habían podido cruzar, el arcoíris había quedado en su lugar, pero ellos se habían movido, probablemente a más de novecientos kilómetros por hora.
Con mucha precaución salieron del baño, estaba muy oscuro, y no había muchos asientos ocupados. Proyectaban una película. Manu y Santi, con Zapi en los brazos, se escurrieron en un asiento de los costados, y se taparon con mantas.
Fuera de la nave estaba la tormenta, la misma que había creado el arcoíris, con rayos y relámpagos e inmensas nubes negras. De pronto, por los altavoces se escuchó, “les habla el comandante, estamos en una zona de ligera turbulencia por lo que vamos a encender la señal de abrocharse los cinturones, tengan la bondad de permanecer sentados con sus cinturones abrochados,…, “ y luego repitió la frase en inglés. En ese momento Manu y Santi se dieron cuenta que viajaban por Aerolineas Argentinas.
“Bueno, Santi, intentemos descansar y ya veremos mañana hacia donde vamos y qué hacemos, ¿no?”
No había pasado una hora y el avión se sacudía cada vez con mayor violencia, las azafatas pasaban agarradas con fuerza de los asientos, y la gente cada tanto emitía exclamaciones por el miedo.
Mientras tanto en la cabina, los pilotos discutían, “Esto no me había ocurrido en toda mi vida, la pantalla de radar indica tormenta extrema por todos lados, ¿cómo vamos a hacer para cruzar?, y encima la temperatura de las turbinas tres y cuatro estan al limite”, dijo el piloto, “y eso no es nada, el sistema de navegación inercial está descompuesto y no tengo la menor idea de donde estamos, la última vez, hace cosa de dos horas, nos encontrábamos sobre la vertical de Rio Gallegos, por lo que ahora, si seguimos con rumbo correcto, deberíamos estar sobre Ushuaia, no?”, contestó el copiloto.
Pero el piloto no tuvo tiempo de responder, una alarma sobresaltó a ambos, “¡FUEGO EN TURBINA TRES, FUEGO EN TURBINA TRES!, y como en un ballet clásico, ambos empezaron la rutina de apagar el fuego y detener la turbina, y no habían terminado de hacerlo cuando se apagó la turbina numero cuatro. “Atención Ushuaia, atención Ushuaia, éste es Aerolíneas 431 rumbo a Auckland, estamos en emergencia, estamos en emergencia” , “Aquí Ushuaia 431, comprendido, indique posición y tipo de emergencia por favor , no lo tenemos aún en el radar, repito , no lo tenemos en el radar”,
” lo único que nos faltaba, dijo el piloto ,y apretó el micrófono, aquí Aerolíneas 431, no nos funciona el sistema de navegación inercial, no sabemos donde estamos y tenemos fallas en los motores que nos impiden mantener altura”. . . a lo que siguió una larga pausa, “me recibe Ushuaia” , “Aquí Ushuaia 431 , disculpen que no contestamos pero estábamos pensando que podían hacer, tenemos encendido el VOR y las luces de pista, ¿pueden utilizar el VOR?, “, y el copiloto contesto, “Afirmativo, Ushuaia, el VOR indica dirección 180 grados y el DME que estamos a 150 kilómetros aproximadamente, de todas maneras , no me fio mucho, parece que las interferencias magnéticas de la tormenta son extremadamente fuertes”,
“Bien 431, no creo que podamos ayudarlos mas, intenten pasar bajo la capa de nubes y ver si pueden reconocer donde están , mientras tanto avisaremos a la Fuerza Aérea”, … , “gracias, Ushuaia, nos mantendremos en contacto”, respondió el piloto, y dicho esto miró al copiloto y dijo, “bueno macho, a preparar procedimiento de aterrizaje de emergencia… “
Llamaron a un par de azafatas que a su vez comunicaron la situación al resto, mientras tanto se prepararon para atravesar la capa de nubes, intentando esquivar las más peligrosas. El avión podía seguir volando con las otras dos turbinas, pero estas estaban al noventa por ciento de su capacidad, y no resistirían por mucho tiempo.
A medida que bajaban el aparato saltaba y se retorcía cada vez más, Santi se despertó y miró por la ventanilla “Éstamos bajando Manu”, dijo sacudiéndola, “despertáte”.
Lo que nadie sabia era que el avion, con Manu y Santi a bordo, se dirigia a un arcoíris. . .
El impacto contra el arcoíris fue muy violento, el tamaño del arcoiris era menor que la nave, por lo que en milésimas de segundo se ensancho, creando un área de vacío de un par de kilómetros cúbicos, produciendo que todos los sistemas de a bordo se apagaran, incluyendo las turbinas y todas las luces.
“¡QUE FUE ESO!, “, grito el copiloto, mientras que el piloto se daba cuenta que caían irremisiblemente, por un angustiante minuto solo vieron los relámpagos afuera de los cristales, y todo el tablero de instrumentos apagado, transcurridos esos segundos todo volvió a encenderse, incluyendo las alarmas de las turbinas uno y dos que estaban apagadas, “¡MIERDA, NOS CAEMOS, RAPIDO INTENTEMOS ENCENDER UNO Y DOS!”, dijo el piloto, y otra vez el ballet ensayado cientos de veces hizo encender las dos turbinas del lado derecho. “Altura diez mil pies”, dijo el copiloto, “y estabilizando , … , nueve mil, … , ochomilquinientos, nuevemil, puff… falto poco ¿eh? . . . , de todas maneras mas de esto no podemos subir, la temperatura de la turbina uno esta en rojo, ¿te diste cuenta?”, “Si”, dijo el piloto, comunicate con Ushuaia pues ni el VOR ni el DME tienen señal”…
Mientras tanto, en la cabina de pasajeros ya nadie dormía, la película se había interrumpido y las azafatas intentaban mantener a la gente tranquila, Manu y Santi miraban con estupor la escena, tratando de pasar desapercibidos en medio de aquel desastre.
“Atención Ushuaia, este es Aerolineas 431, … , Atención Ushuaia, este es Aerolineas 431, … , pero no hubo respuesta esta vez, “¿Qué pasa con esta gente?”, dijo el copiloto, “Intentemos atravesar la capa de nubes, se ve que habremos sido alcanzados por un rayo y no funciona casi nada”, contestó el piloto, “Bien comencemos el descenso”, dijo entonces el copiloto, “ocho mil quinientos, …, siete mil quinientos, seismil, …, cinco mil, cuatro mil pies, tres mil,…, enderezando,…, dosmil, YA ESTAMOS!!!, ¿PERO QUE ES ESTO?”, … , a la luz de los focos, a apenas quinientos metros se distinguía el océano, con olas grandes, espumosas, pero lo extraño era que a pesar de que la hora de los pilotos marcaba las tres de la mañana, había luz suficiente para que fuesen por lo menos las seis . . .
“La turbina uno no da mas, si seguimos así se detendrá como la tres y la cuatro”, dijo el copiloto, “muy bien, parece que las nubes se están disipando, subiremos al techo y nos mantendremos por debajo, el radar indica tierra a unos treinta kilómetros”, y dicho esto subió al techo de las nubes que no superaba en esos momentos los tresmil pies (1000 metros).
BEEEEP, BEEEEP, …, esta vez era la alarma de la turbina numero uno, por lo que ambos pilotos la apagaron inmediatamente y pusieron a máxima potencia la numero dos, y la nave, suavemente, empezó su descenso involuntario, “Atención, señores pasajeros, les habla el comandante, por una avería en los reactores nos vemos obligados a realizar un aterrizaje de emergencia, rogamos sigan las instrucciones de las azafatas al pie de la letra,…, your attention please, due to a problem in the engines, we are forced to make an emergency landing, we kindly request you to follow the stewardes’s instructions” , volviendo a repetir el mensaje.
“Ésta es la sobrecargo, ajusten sus cinturones firmemente, y coloquen la almohada entre la cabeza y las rodillas, vamos a realizar un aterrizaje de emergencia, …, todo el mundo sentado por favor”…
Cuando llegaron a la costa penas superaban los quinientos metros de altura, a lo lejos los pilotos divisaron una especie de laguna bastante grande y se dispusieron a aterrizar, .., desplegaron los grandes flaps del jumbo, haciendo que la velocidad disminuyera y perdiera más altura, “bueno”, dijo el piloto, “allá vamos”, y el copiloto comenzó a transmitir la altura, “mil pies, …, setecientos, .., cuatrocientos, … , doscientoscincuenta, más despacio, …, cientocincuenta”, …., y ya no pudo decir más, la enorme ave se poso a doscientos kilómetros por hora sobre la superficie del agua con una suavidad increíble, los pasajeros apenas sintieron el impacto, con suaves saltos empezó a disminuir la velocidad hasta que las turbinas tocaron el agua, entonces si que se detuvo con cierta violencia, pero aun así, salvo algunos paquetes y bolsos que cayeron al suelo, no hubo ningún incidente, y en apenas mil metros se detuvieron en una inmensa charca de metro y medio de profundidad. . .
Increíble pero comprensiblemente tratándose de argentinos, la gente comenzó a aplaudir, felicitando así al piloto por su “amerizaje”, hasta que el piloto los interrumpió por los altavoces , “Atención señores pasajeros, les habla el comandante, por favor continuen en sus asientos y hagan todo lo que les indiquen las azafatas, hemos amerizado en una laguna de poca profundidad, y no hay riesgo de incendio, por lo que suplicamos a los señores pasajeros conservar la calma para que podamos abandonar la nave sin problemas”. . .
Con un siseo se abrieron las puertas principales y de emergencia y las azafatas dieron orden de colocarse los chalecos salvavidas. A continuación desplegaron los toboganes y solicitaron a los pasajeros abandonar la nave por las puertas de emergencia situadas sobre el ala.
El aterrizaje había sido tan tranquilo que no hubo escenas de pánico, y hasta se les permitió a la gente salir del avión con un bolso de mano, solicitando que fuera éste con elementos que pudieran utilizarse hasta el momento del rescate.
Al cabo de unos minutos las azafatas habían colocado los toboganes al costado del ala y la gente estaba empezando a abordarlos, y pasada una hora todos estaban ya situados en sus improvisados botes, mientras tanto, en la cabina…
“Atención Ushuaia, atención Ushuaia, este es Aerolíneas 431, …, me recibe,”,…, recibiendo solo un siseo de estática, ” que raro que es todo esto, la radio parece funcionar todavía y sin embargo no podemos comunicarnos, …, dijo el copiloto, “ok, deja el sistema de localización de emergencia encendido, y saquemos a esta gente de acá, según las azafatas somos cientonoventa en total, aunque han contado cientonoventa y dos, pienso que con los nervios deben haber contado de mas, y prefiero que haya de mas y no de menos”, …, y salieron los dos del aparato, siendo los últimos con dos sobrecargos, que inteligentemente pusieron varias cajas de comida en uno de los toboganes.
Una vez todo el pasaje se encontró fuera y en los improvisados botes, unieron los mismos con sogas y comenzaron a remar todos en la misma dirección.
Al rato divisaron la linea de playa, y pasadas otras dos horas se encontraban desembarcando en una playa de fina arena blanca, muy angosta. La selva se percibía extraordinariamente tupída, llena de ruidos de monos, pájaros y otros animales no identificables.
Una vez desembarcados, la tripulación seleccionó un grupo de hombres y se pusieron a construir una improvisada cabaña con los toboganes. “Nunca pensé que los toboganes pudieran servir para tantas cosas”, dijo el comandante. “Sí”, contestó el copiloto, podremos dormir cómodos esta noche, ademas es impresionante lo tranquila que está la gente, por suerte en este vuelo no viajaba ningún bebe o mujer embarazada que sepamos, por lo que espero no tengamos problemas de salud”. Lo que contesto el piloto, “lo mismo digo, aunque si te tengo que ser sincero, lo que más me preocupa es saber donde estamos, no hay ninguna isla como ésta en mil kilómetros a la redonda de Ushuaia, no tiene ninguna lógica el clima que estamos sintiendo, harán unos veinticinco grados y deberíamos estar a cuatro o cinco, no puede ser que no contactemos con Ushuaia y , no se si te habrás dado cuenta, pero las radios portátiles no captan ninguna transmisión, solo estática, ¿me querés decir donde estamos?”.
El copiloto, mirándolo preocupado dijo entonces “No sé donde estamos, pero lo que se es que hemos hecho un amerizaje perfecto, no hemos tenido ni siquiera heridos, y deberías tratar de conservar la moral pues eres una especie de líder o jefe de esta gente,¿no te parece?”, …
“Sí, Jorge, contestó el comandante, dejemos este tipo de conversaciones para nosotros y tratemos de organizarnos lo mejor posible”, y dicho esto fue a ver como se estaban haciendo los trabajos de reacondicionamiento.
Manu, Santi y Zapi, mientras tanto, estaban sentados en la playa, mirando o intentando distinguir la silueta del avión a lo lejos.
Manu fue la primera en hablar, “¿Que hacemos, Santi, le contamos al comandante dónde estamos, nos vamos de acá, que hacemos?”, “Mirá”, respondió Santi, “yo creo que lo mejor es esperar a otro arco, y recién ahí contar la historia, ¿vos te pensás que nos van a creer?, según he podido ver nos encontramos cerca de nuestro tiempo, en Mayo de 1995, no se me ocurre nada más que esperar otro arcoíris, ¿vamos a pasear?”.
Se levantaron y caminaron por la playa. La selva era más rala en algunas zonas, como si alguien hubiera hecho caminos o pequeñas sendas , “¿nos metemos por una de esas?”, dijo Santi, “Sí”, contesto Manu,” pero solo un poco, ¿de acuerdo?”.
La senda era en realidad un túnel escavado en la roca, apenas pasaban los rayos de sol de aquel mediodía, la tormenta se habia marchado tan rapido como había venido, y se sentía hasta frio en aquel túnel húmedo y oscuro. La vegetación era fundamentalmente grandes arboles y lianas de todos los grosores, cada tanto se veían sombras escabullirse, podrían ser monos, lagartos o algo así. Deteniéndose se podían percibir tambien la extraordinaria cantidad de insectos, como arañas, hormigas y cascarudos.
Los tres se fueron internando cada vez más, y caminaron por cerca de media hora hasta que el estómago los despertó. “¿Volvemos Manu?, dijo Santi, “hace cerca de media hora que caminamos y ya me esta dando claustrofobia”, “Esperá”, contesto Manu, “creo que estamos saliendo a algún descampado, lo siento en la temperatura y en la luz, ¿no vés que hace un poco más de calor?”, y Santi dijo, “Sí, tenés razón, pero me muero de hambre, caminemos cinco minutos mas y volvemos”.
No hizo falta caminar cinco minutos, a la vuelta de una curva salieron del frondoso túnel al descampado que Manu había percibido.
El campo abierto delante de ellos tenia un tamaño considerable, a unos dos kilómetros aparecía nuevamente la selva, era como si un incendio o algo parecido hubiera limpiado una buena parte, creando un oasis de sol y calor en medio de la espesura.
A lo lejos se veía algo extraño, por lo que Manu y Santi siguieron un poco más. Cuando se encontraban a unos cientos de metros se dieron cuenta que era, era un aeroplano. Al parecer se había estrellado y al arder provocado un incendio.
Era un viejo cuatrimotor de la segunda guerra mundial, aunque parecía haberse estrellado hacía un par de años, no cincuenta. Esto no sorprendió ni a Manu ni a Santi, seguramente había pasado por un arcoíris en algún lugar de Europa.
“MIRA MANU, ES ARGENTINO!!!”, grito Santi, viendo la escarapela que lucia en una de una de sus alas, en la cola se podía distinguir la matricula , TC-45, era uno de los aviones que se perdieron en los años sesenta, un Douglas DC4, con los cadetes recién graduados de la Escuela de Aviación, pero ni Manu ni Santi conocían la historia, por lo que no le prestaron importancia.
La curiosidad pudo más que ellos y se metieron entre los restos, con la secreta y morbosa esperanza de encontrar algún recuerdo. Pero no había nada, estaba todo extrañamente limpio. Santi, mirando por la cabina , descubrió otro aparato no muy lejos de donde ellos se encontraban, “¡MANU!, allá hay otro avión”, y se bajó inmediatamente para salir resuelto en esa dirección.
El otro aparato era un Cessna 172, monomotor, y parecía estar en perfectas condiciones, como si hubiera aterrizado apenas minutos antes.
“Vamos Santi”, dijo Manu, “Ya es bastante por hoy, volvamos al campamento y descansemos, ademas podríamos bañarnos en la laguna”. Esto ultimo realmente motivó a Santi, y velozmente emprendieron el camino de regreso.
Tardaron apenas veinte minutos en regresar, y fue como si no se hubieran ido, nadie reparó en ellos. La improvisada vivienda de toboganes ya tenia forma, la habían construido con cuatro inmensos toboganes dejando dos como precaución, estos últimos habían zarpado nuevamente con la intención de volver al avión a buscar todo aquello que pudiera serles útil.
Manu y Santi se quitaron la ropa y se metieron en la laguna. No eran los únicos, el sol picaba bastante y unas veinte personas disfrutaban de aquel baño relajante. El agua era tibia y transparente, la laguna era de agua salada y estaba llena de peces de colores. A Manu le recordó lo que una vez le había contado su abuela Chola sobre la Polinesia, por la descripción que le había hecho esto era muy similar. Disfrutaron un buen rato, comieron algo, buscaron unas mantas y se tiraron a descansar.
Ahhhh…pensaba Manu, esto es vida, después de tres semanas de andar de acá para allá bien vale un descanso reparador, aunque cada vez me cuesta más imaginarme de vuelta en Córdoba.
Santi por otro lado disfrutaba de esos rayos cálidos y no pensaba en nada.
Despu´s de un rato ayudaron a unas azafatas a acomodar todo para la noche y a seguir construyendo la improvisada vivienda.
Y así pasaron el primer día en aquella isla desierta y misteriosa. Cenaron liviano y se fueron a dormir. Antes de acostarse la tripulación hizo un recuento y verificaron que seguían siendo cientonoventa y dos personas.
Se despertaron temprano, el sol salía rojo y fuerte por la laguna, aunque hacia el otro lado se veían unas nubes gordas y amenazantes, que solo alegraron a Manu y Santi, pues eran el presagio de otro arcoíris.
Estaban tomando el desayuno cuando oyeron un revuelo, el comandante, el copiloto, dos azafatas y unas personas se encontraban discutiendo acaloradamente, Manu se acerco y escucho lo que decían :
“. . . taba, y es muy raro que mi marido se vaya sin decirme nada, no entiendo nada, ” decía una de las personas, “Si, y mi hijo tampoco esta, los dos se encontraban del lado de la selva, aunque él desapareció cuando me dijo que iba al baño, tengo miedo que se haya perdido”, dijo otra, “I don’t now what is hapenning here, but I think these people have the same problem that I have, my wife left the tent for a while and she has not came back, I’m very worried …” dijo un inglés.
“Bueno, señores, vamos a hacer un recuento y veremos cuanta gente falta, ¿de acuerdo?”, respondió el comandante.
Después de diez minutos y habiendo contado dos veces, no cabía duda alguna, eran cientoochenta y uno, faltaban once personas…
A media mañana, y no habiendo vuelto ninguno, se organizaron dos grupos, y un sistema de guardias alrededor del perímetro del campamento, además se pidió que nadie saliera del campamento solo, la única forma de hacerlo era en grupos de a cinco por lo menos.
Al mediodía volvieron los dos grupos, no habían encontrado nada, eran tantos los caminos de la selva que ni siquiera habían visto el descampado de los aviones, y decidieron intentar repetir las búsquedas al día siguiente. A Manu y Santi les preocupaba otra cosa, Zapi había vuelto a desaparecer, y eso era un problema, pues Zapi olfateaba los arcoíris, lo necesitaban, y lo necesitaban urgentemente , el cielo se había cubierto y la tormenta eléctrica se hacia sentir, por lo que Manu y Santi decidieron salir de la protección del campamento y buscar a su perro.
Se escaparon por detrás de la improvisada tienda, y haciendo un rodeo, como pudieron, volvieron a la playa.
“ZAAAAPIIIII…., ZAAAPI ZAP ZAP ZAP”, gritaba Manu, pero nada, caminaron por la playa durante al menos dos horas, el espectáculo era al mismo tiempo hermoso e impresionante, sobre todo por el contraste entre las arenas blancas, el mar verde esmeralda y el cielo color plomo verdoso, con ligeros relámpagos que se vislumbraban dentro de las nubes.
Decidieron volver, y sobre las cuatro de la tarde, cuando ya estaban a unos quinientos metros del campamento, vieron una hoguera que surgía de donde debería estar la tienda, una inmensa hoguera de diez metros de altura y una espesa nube de humo negro .”CORRAMOS SANTI!!!” dijo Manu, y salieron los dos corriendo por la arena, pero cuando ya estaban muy cerca vieron a alguien tirado, con el cuerpo atravesado por una larga lanza de madera, “PARÁ MANU”, grito entonces Santi, escondámonos en la selva y veamos qué pasa.
Se acercaron un poco más por dentro de la espesura hasta darse cuenta de lo que estaba ocurriendo. El campamento había sido atacado por indigenas, y los indigenas se estaban comiendo a los pasajeros; se encontraban alrededor de la improvisada hoguera, y cada tanto tiraban un cuerpo al fuego, a Manu le recordó un documental en el que una tribu hacia lo mismo con monos, el olor dulce de la carne humana quemada apestaba el aire, y en un rincón había por lo menos cincuenta personas atadas y custodiadas.
Manu y Santi estaban paralizados de miedo, tenían que escapar de allí lo antes posible. Pero ya era tarde , . . . , los habían descubierto, …
Manu sintió un ruido a su izquierda y vio a un indígena con una lanza mirándola directamente a los ojos,” ¡CALIIII, CALIII, AGAMURA SINACOOOO… “, gritó, y se acercó corriendo, ¡RAJEMOS SANTI, “, dijo Manu, y haciendo un esfuerzo sobrehumano sobre sus propias piernas que parecían de gelatina, salieron corriendo hacia la playa, con el indígena detrás.
No habían hecho ni doscientos metros ya sobre la arena, cuando Manu miro por el rabillo del ojo y se dio cuenta que los alcanzarían , y no podía correr más pues debla llevar el ritmo de Santi, que era más lento que ella, “VAMOS SANTI QUE NOS ALCANZAN!!!”, dijo ya sin esperanzas, . . . , y cuando estaban ya sobre ellos se escucho un TUMPPP… sordo, no eran ellos los que habían sido alcanzados, alguien se había lanzado sobre el indígena y estaban peleando. Manu y Santi se detuvieron, tenían que hacer algo, el indio había sacado una especie de hacha y estaba intentando darle a la otra persona.
Santi no perdió tiempo, buscó una piedra, la más grande que pudo y se acercó a la pelea. Santi parecía bailar alrededor de los cuerpos que giraban sobre la arena. Entonces el indígena logró su objetivo, con un golpe certero le descargó un hachazo a la otra persona en el pecho, partiéndole dos o tres costillas y haciéndole perder el sentido. En ese momento miró hacia Manu levantando la cabeza y sonrió, mostrando unos dientes puntiagudos y sucios, y se escucho otro ruido TUUDD… de la inmensa piedra que Santi había descargado sobre su cabeza aprovechando que la pelea había concluido. La sonrisa se convirtió en una mueca de sorpresa y luego de dolor mientras caía desvanecido sobre la otra persona, que resulto ser Jorge, el copiloto.
Manu y Santi se acercaron entonces, le sacaron de encima el cuerpo del indio, e intentaron reanimar a Jorge. No paso mucho tiempo hasta que Jorge abrió los ojos. “Escapen chicos”, dijo, “escapen antes de que los descubran y se los coman . . . “
“No podemos hacer eso”, dijo Manu, “tenemos que llevarte a algún lugar seguro”, continuo, aunque al mismo tiempo pensaba ¿¿existirá algún lugar seguro ??. Entre los dos a duras penas levantaron a Jorge y se pusieron a caminar, por suerte se encontraban en la boca del túnel que los llevaba al descampado.
Cada tanto paraban a descansar, pues Jorge se encontraba muy mal, le costaba respirar y escupía sangre por la boca, además de la que perdía por la herida, necesitaba ayuda medica o moriría en cuestión de horas, pues lo más probable era que un pedazo de costilla le hubiera atravesado los pulmones.
Tardaron bastante en llegar al descampado. Por el camino Manu había ideado un plan, intentaría llegar al pequeño Cessna , buscar vendas para curar a Jorge, y pasar la noche ahí, tal vez a la mañana despegar y buscar un lugar mas seguro.
Faltaban unos metros para llegar a la aeronave cuando sintieron unas voces, eran un grupo de indigenas y Manu, Santi y Jorge se escondieron en unos matorrales. Estarían los indigenas a unos trescientos metros, y cuando parecía que no se habían dado cuenta se escucho, ¡¡¡YAP YAP YAP. . . YAP YAP YAPPP!!!, era Zapi, y Manu grito, “QUIETO ZAPI, QUIETO. . . ” pero ya era tarde, el grupo de salvajes los señalaba.
“RÁPIDO, VAYAMOS AL AVION!!”, gritó Santi, y corrieron como pudieron hasta el Cessna. Por suerte la puerta estaba abierta y las llaves de contacto puestas. Santi agarró a Zapi y Manu ayudó a Jorge a subir y se sentó al lado de él.
Jorge casi desvariaba, el dolor que le había producido subir al avión casi le había hecho perder el sentido.Como pudo conecto la batería, abrió el paso de combustible e intentó encender el motor. Para esto los indios ya estaban casi sobre ellos. La hélice giro una, dos , . . . , tres veces , tosió un poco y se detuvo. “Tenés que bajarte”, le dijo Jorge a Manu, “Tenés que bajarte y girar la hélice dos o tres veces, sino esto no arrancará”, Manu no lo pensó y se bajó inmediatamente, se dirigió resuelta al frente del avión y empezó a girar la hélice. No le había dado ni dos vueltas cuando sintió el suishhh, de una lanza al lado de ella, entonces rápidamente volvió a subir al avión. Jorge intentó de nuevo, otra vez la hélice volvió a girar, primero lentamente hasta que volvió a toser, largando una nube negra por el escape pero arrancando súbitamente. Los indios ya estaban sobre ellos, sorprendidos se detuvieron a metros del aparato, y cuando iban a volver al ataque éste comenzó a moverse. “Baja esa palanca a la segunda posición”, dijo Jorge indicandole a Manu la palanca de los flaps, y girando contra el viento, frenado, aceleró el motor hasta que este vibró con violencia, limpiando de esta forma los carburadores. “Bueno”, dijo Jorge, “Ajústense los cinturones que allá vamos”, y volvió a acelerar al máximo, esta vez sin los frenos.
Los indigenas, sobrepuestos del ruido, intentaron tirar algunas lanzas sin mucha esperanza, y por suerte sin éxito.
El Cessna daba tumbos y más tumbos, con sus ocupantes saltando y provocando dolores indescriptibles a Jorge. Pero lo peor no era eso, lo peor era que la jungla se acercaba rápidamente, si no despegaban se la tragarían, a unos cien metros Jorge tiró del timón sin éxito, pero al final, dando un par de tumbos más la pequeña nave se elevo, golpeando con las ruedas las copas de los arboles, con tanta violencia que por un instante Jorge pensó que la selva acabaría atrapándolos. . .
Con un suave giro puso la laguna a sus espaldas, y a unos mil metros, justo por debajo del tupido techo de nubes, subió los flaps y niveló, pidiéndole a Manu que intentara pilotear pues él se iba a desmayar, y apenas dicho esto, se estiró hacia atrás y cerró los ojos.
Manu, aterrorizada tomó los mandos, y en aquellos momentos recordó a su abuelo Tata, piloto militar de los viejos tiempos, los movimientos hay que hacerlos suave pero firmemente, tenés que sentir la aeronave, ver como reacciona a cada movimiento tuyo. Los pedales los podés utilizar, pero con el timón el avión igual se inclina y tambien gira, recordando una vez que le había contado como se volaba. He intentó hacerlo, girando suavemente el timón a la derecha el avión se inclino suavemente, luego a la izquierda y volvió a hacerlo, luego quiso nivelarlo pero se le iba , para un lado o para el otro, y en el momento que intentaba corregirlo , sin darse cuenta comenzó a subir y las nubes se los tragaron. Cuando te metés en una nube tenés que tener mucho cuidado, prosiguió su abuelo en su mente, pues uno pierde el sentido de la orientación y tiende a contrarestar los movimientos en el sentido inverso, lo que hay que hacer en esos casos es volar mirando los instrumentos, concentrarse en el horizonte artificial y en el variómetro, ese relojito que te marca los metros que se sube o baja por segundo.
La voz de su abuelo pareció tranquilizar a Manu, a pesar que hacia frio tanto Manu como Santi transpiraban profusamente, pero haciendo caso a su abuelo, pudo primero estabilizar el aparato y luego, muy despacio, bajar justo por debajo de las nubes.
Cuando pareció que mantenía el control, Manu le pidió a Santi que intentara ver que le pasaba a Jorge, y Santi lo sacudió un poco.
“Me parece que está muerto”, dijo Santi, “Su cuerpo esta frio y no respira”. Manu miro entonces a la cara del copiloto y se dio cuenta que lo que decía su hermano era cierto, Jorge tenia la boca abierta y los ojos entreabiertos, y parecía no respirar. . .
Ambos se sobresaltaron cuando Manu se distrajo y volvieron a meterse entre las nubes, el pequeño avión empezó a saltar con violencia, y ademas todo estaba muy oscuro ahí dentro.
Volvieron entonces a bajar y se dieron cuenta que el paisaje había cambiado drásticamente, ahora la selva ya no era llana, estaban entre pequeñas pero mortales sierras, algunas de ellas penetraban en las nubes, más alto de lo que ellos estaban.
“No podemos seguir así”, dijo Manu, “Tenemos que subir o corremos el riesgo de estrellarnos contra alguna de esas montañas”.
“Si”, contesto Santi, “intentemos subir por arriba de las nubes, a mi me da mucho miedo quedarme dentro de ellas”.
Dentro de la cabeza de Manu, su abuelo volvió a hablar, siempre hay que mantener la velocidad, si no el avión puede entrar en perdida, por lo tanto cuando subís tenés que acelerar. Manu había visto el pequeño mando, parecido al cebador de un coche pero más grande, que servia para acelerar el motor. Empujó suavemente y sintió que el motor aceleraba, y que el aparato instintivamente subía, Tiró entonces suavemente del timón y comenzó a subir.
Una vez que entraron en las nubes volvieron a sacudirse. A duras penas podía mantener Manu la aeronave nivelada, hasta que, en lo que pareció ser una eternidad, salieron por encima de las nubes, en un sol resplandeciente, a unos dosmilquinientos metros de altura. Manu volvió a desacelerar un poco y nivelando el aparato intentó relajarse y pensar.
Eran las seis de la tarde, y no sabían cuanto combustible le quedaba.
Ensimismados en el paisaje glorioso y en los momentos terribles que habían pasado, se sobresaltaron cuando Zapi comenzó a ladrar , YAP YAP YAP. . . YAP, YAP, YAPPP…, “¿PORQUE LADRA ZAPI?”, pregunto Santi, pero no hizo falta contestar, a lo lejos, un poco desviado de la posición donde se encontraban, se divisaba el arcoíris, que en el aire curiosamente adoptaba la figura de un circulo, un circulo cuyo borde refulgía con los colores del arcoíris.
“¡CRUCÉMOSLO!”, grito Santi, “Allá vamos”, dijo Manu, y concentrándose se dirigió hacia el circulo.
La primera pasada fallaron, pasaron por uno de los costados. No era fácil para alguien que nunca había piloteado acertar a un circulo de diez metros de diámetro volando a doscientos kilómetros por hora. Manu hizo un amplio giro, tratando de no perder de vista el pequeño circulo, y volvieron a intentarlo. Esta vez pasaron, el pequeño aparato se sacudió con violencia y perdió por unos instantes, como había ocurrido con el jumbo de Aerolíneas, toda la fuerza eléctrica, pero la misma inercia del giro de la hélice hizo que el motor arrancara espontáneamente, y no paso de un susto.
El paisaje del otro lado era completamente distinto, las nubes se encontraban por encima de ellos, no por debajo, tampoco lo que había debajo era una tupida selva, sino el paisaje típico argentino, grandes extensiones de llano y cultivos de varios colores que hacían creer que uno volaba sobre una alfombra a cuadros.
Pronto divisaron un camino, y en ese momento, Jorge, que ambos creían muerto, abrió los ojos, afiebrado, “¿dónde estamos?, ya casi no queda combustible”, y Manu contesto, “aterricemos entonces, allá parece haber una especie de ruta”, “Si, “, dijo Jorge, “volvé a bajar los flaps hasta el fondo, que vamos a aterrizar”.
Manu entonces bajo la palanca y el Cessna pareció detenerse en el aire, Jorge aceleró preparándose para el aterrizaje, “Allá vamos,”, dijo, y mecánicamente repitió, “Ajustense los cinturones”, e iniciaron el descenso dando la vuelta, enfrentando el viento, y enfilando hacia la improvisada pista. Poco a poco se fueron acercando, la nave apenas se balanceaba y ya no había rastros de la tormenta. En unos instantes tocaron suelo, frenando en unos cientos de metros.
“!BRAVO, BRAVO JORGE!, gritaron juntos Manu y Santi, pero Jorge ya no los escuchaba, con lo poco que le quedaba de vida había apagado el motor y se encontraba quieto, con los ojos abiertos pero sin ver, muerto de verdad esta vez.
¡DIOS MIO!, pobre Jorge, dijo Manu, “tenemos que hacer algo”, y Santi contesto, “lo mejor que podemos hacer es salir de acá y escondernos, allá viene un auto, y que le vamos a decir, primero tenemos que averiguar donde y cuando estamos, y después pensar si podemos contactar a alguien”.
Dios, qué maduro esta, pensó Manu, lo que dice es absolutamente cierto, no podemos correr riesgos y ya hemos vivido demasiadas sorpresas.
“Tenés razón Santi, salgamos”, respondió Manu, y salieron inmediatamente del avión, corriendo a refugiarse detrás de unos matorrales.
A los tres o cuatro minutos se detuvo el coche y bajaron dos personas, el coche era un Fiat Supereuropa del 84 u 85, por lo que bien podían estar en su época, o en los alrededores. Esperaron hasta que el coche se marchó, dejando uno de los ocupantes al lado del aparato
Manu y Santi decidieron entonces caminar, y haciendo un rodeo volvieron a la ruta.
Después de una media hora paso un coche , le hicieron dedo y paró. “¡VAMOS MANU!”, grito Santi, y los dos corrieron. “Hola, me llamo Sandra, ¿para donde van? “, pregunto la chica que conducía, que no tendría mas de veinticinco años.
Manu pensó que le digo yo a esta, si no sabemos ni donde estamos, y contestó casi instintivamente, “Vamos a Buenos Aires, a San Isidro”, y la chica dijo “Ah!, Que bien!, yo voy para allá, estamos a una hora aproximadamente, ¿donde los puedo dejar?”
“Dejanos en la estación, ¿puede ser?”, dijo Santi, “Si, como no”, contesto la chica.
No habían pasado ni diez minutos cuando Santi le hizo señas a Manu, tenia en la mano un diario viejo, decía veintidós de abril de 2001. ¡ESTABAN EN EL FUTURO!, ninguno tenia muchas ganas de hablar, ademas se sentían extenuados, por lo que al rato ambos se quedaron dormidos, dejando de hacerle compañía a Sandra.
“Vamos chicos, ya llegamos”, . . . , los despertó la voz de Sandra, “¿esta bien por acá?”. A Manu le pareció difícil reconocer la estación de San Isidro, todo se veía distinto.
La gente vestía con ropa como de lona pero casi todos del mismo color, y en las vidrieras tambien casi no había variación de colores, dominaban un rosa apagado y el gris, la moneda era el peso, no los pocos australes que Manu y Santi llevaban en el bolsillo.
(Nota del 2026: en el momento de escribirse el cuento parece que la moneda era el Austral, que duró muy poco, y efectivamente en el 2001 la moneda era el peso, aunque el escritor no lo sabía en el momento que lo escribió)
“¿Que hacemos?”, preguntó Santi, “no tenemos dinero, no sabemos donde ir, y el tiempo parece normal, no se vé ninguna tormenta por lo que un arcoíris parece difícil que aparezca”. “No te preocupes”, contesto Manu, “ya se nos ocurrirá algo”. Y dicho esto comenzaron a caminar y mirar las extrañas vidrieras de la calle principal de San Isidro.
No habían caminado ni cien metros cuando se empezó a levantar viento, miraron hacia el cielo y vieron que se había cubierto instantáneamente, pero era mucho peor de lo que habían experimentado antes, era tan impresionante que la gente miraba hacia arriba y señalaba hacia las nubes.
“¿Y ahora qué pasa?, pregunto Santi nuevamente, pero Manu no le contestó, tenia fija la vista en las dos personas que caminaban delante de ellos, a apenas dos metros, “¿que te pasa Manu?, ¿que mirás?, Manu le hizo señas de que se callara pero ya era tarde, las dos personas que iban delante de ellos eran ellos mismos, siete años después, y al oir la voz de Santi se dieron vuelta, quedándose mirando fijamente a los ojos.
Que linda soy pensó Manu, y alargó una mano hacia si misma, mientras Santi pensaba ¿así de alto voy a ser?, y tambien alargo una mano casi sin querer, imitando a su hermana.
Las manos no llegaron a tocarse, cuando estaban a unos centímetros la mano de Manu pareció disolverse en el aire, ante los ojos estupefactos de las dos Manus y los dos Santis. Un pequeño halo de colores bordeaba el muñón de Manu, por lo que ella continuó empujando.
Lo mismo sucedió con Santi, y ambos comenzaron a disolverse en el aire.
Cuando ambos hubieron pasado, la Manu y Santi del futuro se miraron y por un instante recordaron su experiencia, la que habían vivido siete años antes, al encontrarse con ellos mismos. “Era cierto” , dijo la Manu del futuro, ¡que linda época aquella, cuantas aventuras vivimos!, dijo Santi, y siguieron caminando.
Mientras tanto Manu y Santi viajaban por una dimensión extraña, era como girar y girar en medio de un tirabuzón de colores.
El arcoíris no había tenido tiempo de formarse, pero como encontrarse con uno mismo es casi como encontrarse con la antimateria algo se formó, y Manu y Santi entraron por ese algo hasta que por fin parecieron caer en un sitio.
Era de noche, que raro, pensó Manu, el golpe tendría que haber sido fuertísimo, pero no nos paso nada. Miraron alrededor y se dieron cuenta que estaban en el jardín de la casa de Cordoba, la que habían alquilado .
“Por fin llegamos”, dijo Santi emocionado. “Espera Santi”, contesto Manu, “primero tenemos que ver si llegamos en el momento oportuno y si estamos en nuestra dimensión, ¿no te parece?.
“Si”, dijo Santi, “vayamos con cuidado y miremos por la ventana”.
Se acercaron sigilosamente, en la cocina había luz y se escuchaban voces, eran las de su familia. “. . . nemos que llamar a la policía”, decía Nora, su madre, “estos tarados hace rato que tendrían que haber llegado”, seguía, y su padre Ricardo contesto, “Bueno, vos quedáte a ver si llegan que yo voy a avisar a la policía”.
Qué hacemos, pensó Manu, entremos y veamos que pasa. “Vamos”, le dijo a Santi, y entraron los dos a la cocina, “hola”, dijo Manu, mirando a su padre, su madre y su hermana, pero nadie le contesto, ni siquiera los miraron, “¿que les pasa?, no joroben”, dijo Santi, “Che mami”, y alargo la mano pasando esta limpiamente por dentro del brazo de su madre, “EH!”, grito Santi, “¡DIOS!, “dijo Manu, “No nos ven Santi, somos como fantasmas “. Mientras tanto Zapi correteaba por ahí ladrando y atravesando los cuerpos de la familia.
Se quedaron parados, viendo como Ricardo se subía al coche y salía a buscar a la policía mientras Nora y su hermana se quedaban dentro de la casa.
A la media hora llego la policía, estuvieron discutiendo si salían a buscarlos por la noche o esperaban a la mañana, unos de los policías decía, “mire señor, si quiere salimos ahora pero difícilmente encontremos algo,. En estos lugares han pasado cosas muy raras, usted lo sabe bien, ¿para donde vamos ademas?”, y Nora contestó, “no sé para donde podemos ir, ¿no hay ningún lugar donde se pueden haber quedado?”, y el policía continuó, “Si, hay un lugar, pero mejor que no hayan ido por ahí, a un kilometro más o menos hay un cañaveral, una especie de desfiladero muy profundo, de unos cincuenta metros, y es muy feo, porque uno puede ir caminando o corriendo y caerse sin darse cuenta, si quieren vamos a ver y revisamos un poco”.
“Bueno”, contestó Ricardo, vamos a ver por allá por lo menos”.
Se levantaron y salieron caminando por los fondos de la casa, seguidos por Manu, Santi y Zapi, que ya había desistido de tratar de que lo reconocieran.
La sensación de Manu y Santi era rarísima, perfectamente podían atravesar una persona, y hasta una cosa, aunque las cosas eran un poco mas difíciles, Santi metió una mano en un árbol, era como meter la mano en el agua pero con un poco mas de resistencia, como si fuera barro o algo así, pero las personas eran distintas, no se sentía absolutamente nada, inclusive en un momento Santi, jugando, metió la cabeza en la espalda del policía, y no sintió nada, solo vio todo negro y nada más.
Al rato llegaron al desfiladero, era realmente impresionante, como si hubieran cortado la sierra con un cuchillo, no había ningún signo que revelara su existencia, y era hondo, muy hondo.
“Cuidado”, dijo uno de los policías, que aun sabiendo que esta ahí uno puede resbalar”, e inmediatamente encendió una poderosa linterna e iluminó el profundo agujero.
La luz de dos linternas iluminaron el fondo, y muy despacio se pusieron a caminar por el borde.
Al cabo de unos veinte minutos uno de los agentes gritó “¡ALLÁ ESTAN!, e ilumino unas siluetas en el fondo. . .
¡NO PUEDE SER!, pensó Manu, si nosotros estamos acá, ¿pero que esta pasando?, Santi la miro, y con una tristeza inconmensurable le dijo, “lo que esta pasando Manu, es que estamos muertos“.
“¿como muertos?”, contesto Manu, yo no me acuerdo de haberme caído por ahí, ¿y vos?”.
“Manu”, siguió diciendo Santi, vos no te acordás porque todavía no nos caimos, es decir, todavía no saltamos al momento en que nos caimos, ¿entendés?”.
A Manu, como a cualquiera, le costó un tiempo digerir el razonamiento de su hermano, pero podía tener razón, en algún otro momento cruzarían un umbral que los llevaría hasta ahí, y por ahí caerían, probablemente desnucándose, los tres, ella, Santi y Zapi. . .
“No podemos bajar ahora, igual no hay nada que hacer”, dijo el agente “Vamos a quedarnos acá arriba a hacer guardia por si aparece algún bicho, y mañana a la mañana bajaremos a recobrarlos, lo lamento mucho”
Nora lloraba abrazada a su marido, y este apenas podía contener las lagrimas que surcaban por sus mejillas, “¿esta seguro, oficial, que no están heridos?”, pregunto con voz entrecortada, casi adivinando la respuesta.
“El lugar por donde cayeron es muy hondo, no hay ninguna posibilidad de que se hayan salvado, si quieren pueden quedarse acá con mi gente hasta mañana. . . “.
Y se quedaron. Ricardo fue a buscar a Magda , y al cabo de un rato estaban todos en el borde.
Mientras tanto Manu y Santi estaban intentando buscar un lugar por donde bajar, pero en la oscuridad eso era poco menos que imposible.
“Tenemos que bajar”, dijo Santi, “Si conseguimos bajar e intentar tocar nuestros cuerpos es posible que volvamos a saltar”
“Si”, dijo Manu, “estoy totalmente de acuerdo, ¿pero como bajamos?”
“¿ Y si saltamos?”, dijo Santi, “Tal vez no nos pase nada”.
“Proba desde un árbol”, contesto Manu, “si saltás y no sentís ningún golpe podemos intentar saltar abajo”.
Santi se subió inmediatamente a un árbol y saltó, desde unos dos metros de altura.
No sintió nada, solo los pies se le “hundieron” un poco en la dura tierra, pero no sintió el golpe, en absoluto.
“Esto es buenísimo Manu, vamos, saltemos al fondo”.
Se acercaron tomados de la mano, con Zapi en los brazos, . . . , y saltaron.
La caída fue espectacular, giraron y giraron en el aire, separándose entre si , Santi gritando de la impresión, y poco antes del impacto, muy poco antes, Manu se dio cuenta del error, si Santi se hundió por saltar desde tres metros, ¿que nos va a pasar a nosotros ahora?, y la respuesta cayó como un balde de agua fría, los tres se hundieron profundamente en la tierra, cerca de cuatro metros.
La sensación era espantosa, Manu no veía nada y sentía todo su cuerpo como aprisionado por algo, le hizo acordar una vez de chica que la habían enterrado en la arena, en la playa.
Tengo que salir de acá, pensó, no me puedo pasar la vida enterrada de esta manera, e intentó hacer fuerza para arriba, o lo que pensó que era arriba, pues no estaba segura.
Pronto se dio cuenta que muy poco a poco iba subiendo, y al cabo de un rato sintió lejana la voz de su hermano que la llamaba.
Estiró una mano y Santi la tomó, “QUE ALIVIO”, dijo, “pensé que nunca podria salir de ahi”.
“Zapi y yo salimos enseguida”, contesto Santi, “pero vos no aparecías, tuvimos miedo que hubieras agarrado para otro lado.
Caminaron hacia el cono de luz, enseguida comenzó a levantarse viento, y una vez que llegaron a sus cuerpos se quedaron petrificados. El primero que encontraron fue Zapi, el Zapi vivo se desesperaba por bajarse de los brazos de Manu, luego, a los pocos metros se encontraba Santi y casi al lado Manu, los dos con los cuellos rotos, y los cuerpos fríos y un poco hinchados.
“Alla vamos”, dijo Santi, mientras estiraba la mano, por segunda vez en el día, hacia si mismo.
Un pequeño circulo de colores surgió inmediatamente, y otra vez su mano comenzó a desaparecer, tragada por la nada.
Lo mismo hizo Manu, soltando a Zapi que corrió hacia si mismo para desaparecer en el aire.
El viaje fue muy parecido al anterior, giraron y giraron hasta que el suelo pareció detenerlos, esta vez con violencia, tanto que ambos perdieron el sentido.
Primero despertó Santi, era de mañana pero no lo parecía, las nubes eran pesadas y oscuras, llenas de relámpagos en su interior.
Zapi estaba intentando despertar a su hermana lamiéndole la cara, y lo logro enseguida.
Se levantaron y comenzaron a seguir a Zapi, que parecía guiarlos hacia algo, “Mira Manu, un arcoíris”, dijo Santi.
Era cierto, se recortaba nítido contra el horizonte. Llegaron enseguida, del otro lado se veia el mismo paisaje pero con el cielo azul claro. Zapi salto inmediatamente, Santi y Manu tampoco lo dudaron, y volvieron a cruzar el umbral del espacio y el tiempo, pero esta vez fue distinto, al cruzar casi se cae porque se encontró corriendo, y lo mismo le paso a Santi.
Se encontraban siguiendo a Zapi, Manu estaba a punto de alcanzarlo, y Santi iba detrás de ella, el perro parecía estar jugando, contentísimo de que lo persiguieran.
En un instante Manu se dio cuenta de lo que pasaba y paro inmediatamente, gritándole a su hermano “¡PARA SANTI, PARA QUE VAMOS DERECHO AL PRECIPICIO!.
Su presentimiento había sido correcto, Zapi se detuvo y volvió tranquilo a donde estaban ellos. Apenas se distinguía , a unos treinta metros estaba la cañada, amenazante. Si no se hubieran detenido hubiesen caído sin remedio, desnucándose los tres.
“¿Volvemos?”, dijo Manu, “algo me dice que estamos donde tenemos que estar”. Y dicho esto volvieron por lo que les parecía era el camino de vuelta.
Veinte minutos mas tarde divisaron la casa, se acercaron con cuidado y entraron por la puerta de la cocina, no había nadie, Manu miro el reloj y vio que eran las cuatro y cinco de la tarde, se sentaron a la mesa de la cocina y quedaron mirándose.
Enseguida se sintió un ruido, la puerta que daba al pasillo se abrió y apareció Nora, su madre, “Ah , ¿ya se levantaron. . . ?
FIN
Este cuento se terminó de escribir a los veintisiete días del mes de Noviembre de 1993, a las nueve y media de la noche.