La luna de Thanksgiving

El viento frío y polar del norte acariciaba las ultimas hojas de aquel otoño del nuevo milenio. 

El cielo, cansado de cargar nubes por una semana, iba poco a poco pintando el azul que cubriría aquella noche temprana.

Y la luna llena, tímidamente, se abría paso entre las nubes tardías para reinar en la oscuridad helada que vendría un par de horas más tarde.

No había un alma fuera de las casas, aunque los coches estacionados daban la idea de los rituales de Thanksgiving que iban llegando a su fin.

Desde las dos de la tarde familias enteras se habían reunido para comer y charlar juntos. Los pobres pavos habían dejado su vida en el evento. Los chimentos, la bebida en exceso y las comparaciones vanas habían aderezado aquella fiesta que nada tenía que ver con sus orígenes misericordiosos.

John y Mary salían de la casa de sus suegros. John iba un poco borracho y además estaba algo enojado, Mary había estado otra vez flirteando con el vecino de sus padres, Ben, con el que compartían un amorío ya extinguido.

Subieron al Ford Explorer. Su hijo Thomas se había quedado con sus abuelos maternos.

John arrancó y retrocedió un poco más rápido de lo prudente.

Mary lo miró y le preguntó: 

-¿Estas bien cariño? ¿no quieres que conduzca yo?’

-Estoy perfectamente –respondió John mintiendo mientras encendía las luces y partía raudo por entre las calles desoladas del barrio.

La luz pálida casi extinguida del día dio paso de repente a la luminosidad sepulcral pero  potente de la luna llena.

John miró hacia arriba mientras entraba a la autopista, la luna le devolvió la mirada junto con un murmullo telepático que, como un susurro, se le incrustó en el corazón.

Mientras aceleraba entre el trafico disperso y etílico sus pensamientos comenzaron a tomar forma.

Esta desgraciada se esta encamando con Ben, se sentó al lado de él durante la comida y los vi charlando muy animados… el otro día volví temprano de la oficina y ella no estaba…y ayer se escondió cuando el muy cretino la llamo por teléfono…

La miró de reojo.

-¿La pasaste bien? -preguntó.

-Sí -respondió ella- Ben me contó que, por más que lo intenta, no logra convencer a su mujer de ir a jugar al Badminton con él.

John miró distraídamente hacia arriba, y la luna interesada volvió a susurrarle al oído.

Mentira, deben haber estado planificando nuevos encuentros, la muy hija de puta cada vez te da menos bola.

Se hace la tonta pero bien que colgó el cuadro que él le regaló en el mejor lugar de su oficina. ‘No te preocupes’, te dijo, que en dos o tres meses me aburro y lo saco’, … y hace dos años que lo tiene colgado…

La volvió a mirar de reojo, parecía dormida, por un instante se distrajo y casi se lleva por delante al que lo estaba pasando.

La luna, que también se había distraído por un instante, le tocó el hombro…

Y aquel calendario que le regalaste y puso en un lugar imposible de ver…

Abrió la boca para decirle algo, pero se callo, en vez de eso volvió a mirar la luna, aceleró, pensó que ya tenía 46 años y no valía la pena vivir así.

Con decisión dio un volantazo y el poderoso Explorer se estrelló contra uno de los pilares de un puente, uniendo por ultima vez aquellos desgraciados en una nube de luz y calor.

Mientras tanto…la luna…sonriendo… se dedicaba a buscar otra mirada …

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