Malvinas 2016

Su abuelo había peleado en la Segunda Guerra mundial en el mismo regimiento al que él se había unido hacia pocos meses. Cumplió diez y nueve en medio del rudo entrenamiento y recibió por ello una buena manteada por parte de sus compañeros de desventuras. 

Oriundo de un suburbio londinense, a Mark le costaba superar el tedio de la ciudad de Colchester donde se encontraba su base. Por otro lado el venir de Londres le había ayudado a conseguir novia, una pelirroja pecosa y gordita.

Luego del entrenamiento surgió la posibilidad de una guerra. Un país latinoamericano había invadido una pequeña colonia británica, las islas Falkland, y se hablaba que su regimiento, el 2 Para, sería enviado como parte de una fuerza armada que recuperaría aquellos territorios. 

En un comienzo a Mark le resultó interesante la idea, se imaginaba una playa llena de palmeras con aguas azules, transparentes y cálidas. Uno de sus amigos, Steve, se encargó de contarle que las islas estaban en el Atlántico Sur, que eran poco mas que riscos y turba, casi sin arboles; y que hacia frio, mucho frio. Se encontraban además a 12.800 kilómetros de su querida Inglaterra. 

El 26 de abril salieron de un puerto inglés en un Ferry de transporte de coches, el MV Norland. La noche antes el muchacho intentó hacer el amor por primera vez con su novia Peggy pero no lo consiguió a pesar de sus ruegos, por lo que al zarpar aquel día todavía era virgen.

El viaje fue largo y cargado de ansiedad. Al principio era una novedad el mar y el cielo abierto que mezclaban con ejercicios de combate. Hacían bromas sobre los indios con los que tendrían que luchar, se imaginaban cowboys del siglo XX. Luego pareció que la guerra no iba a tener lugar. Las reuniones, con la ayuda de Estados Unidos, llevaban el conflicto a una solución pacífica. El 2 de mayo la situación cambió, Un submarino nuclear británico hundió un viejo y peligroso acorazado argentino y el orgullo de la junta militar que gobernaba aquel país latinoamericano frenó las negociaciones. Hubo algún que otro festejo entre los soldados, tal vez aquel ataque hiciera efecto y llegarían para el desfile de la victoria o darían la vuelta pero el 4 de mayo un destructor inglés fue hundido por un misil aire tierra proveniente de aviones navales argentinos. Aquel fue el punto de inflexión y el de no retorno. 

La Fuerza Aérea Argentina, con aviones antiguos pero con increíble coraje, siguió aguijoneando a los barcos británicos averiando algunos y dejando fuera de combate a otros. 

Las tormentas en alta mar y el tedio comenzaron a hacer mella en los jóvenes y las peleas a bordo eran frecuentes. Mark no compartía su punto de vista con sus compañeros, a él le parecía que todo aquello era una guerra inútil y peligrosa y que no tenia sentido alguno, salvo el de elevar el prestigio caído de la primer ministro. 

Después de casi un mes de navegación llegaron a las islas. 

Desembarcaron en la madrugada del 21 de mayo. Con el agua helada hasta la cintura cargando una mochila de setenta kilos caminaron hasta la costa. La cabalgata de las Valkirias, una de las dos marchas del regimiento, les daba un poco de valor aunque apenas se escuchaba en el rugir del viento. 

Estaban a casi 100 kilómetros de su objetivo, puerto Stanley, la capital de las islas. 

Tardaron casi una semana en comenzar a avanzar. Al principio habían pensado hacerlo directo a Puerto Stanley, pero luego decidieron tomar Goose Green donde se había emplazado una fuerza armada argentina, y hacia allí se dirigieron. 

Fue a la madrugada cuando comenzó el combate, que duro diez y ocho horas. 

Al principio eran explosiones de mortero aquí y allá. La tierra temblaba y a veces se sentía en el pecho la onda expansiva. 

Comienza la batalla. 

Mark pega un salto, un proyectil de mortero ha caído cerca. 

Avanza como le enseñaron: busca el lugar donde se va a detener, luego mira por donde va a ir, verifica su armamento y se lanza a su objetivo. A veces tropieza en la turba blanda, se levanta y vuelve a correr. Al principio tiene miedo, es muy joven aun para que lo maten y todavía es virgen. Se escuchan ordenes dadas a gritos, hay que avanzar, la primera línea está todavía a cinco kilómetros. 

Acuerda con Steve para cubrirse entre ellos cuando las balas lluevan. 

Trotan en la oscuridad. Entre nubes bajas se ve un cielo estrellado que espera la mañana.

Por fin el horizonte se enciende con una línea roja que lo cubre, las estrellas desaparecen y la oscuridad da paso a una película en blanco y negro solo alterada por el fuego dorado de las detonaciones y los proyectiles trazadores que poco a poco los van encontrando. 

Desesperado Mark busca una roca donde parapetarse. 

Detectan el primer nido de ametralladoras. Suenan demasiado fuerte para ser calibre de combate, mas bien se oye como una ametralladora antiaérea. Un par de compañeros se desploman a su lado con lo que parece una bazooka pero mas gruesa, es un contenedor y disparador de misiles antitanque Milán. El muchacho se sorprende que le vayan a disparar al nido de ametralladora con un misil antitanque, pero eso es lo que ocurre. Al salir el misil un chorro de fuego de cerca de un metro se extiende detrás del caño. Mark siente su calor y con horror y fascinación ve al misil volar hasta el sitio enemigo. En segundos llega y la explosión los deja sordos. Cuando se disipa el zumbido se escuchan los primeros alaridos e insultos. La ametralladora enemiga ha enmudecido. 

De atrás le gritan que siga avanzando. 

Ya se puede ver mucho mejor. Los dos muchachos se turnan para cubrirse entre ellos. Mientras uno dispara el otro corre. Pasan por al lado del primer enemigo muerto. No es un indio, es igual a ellos y de la misma edad. ¿Qué esta pasando?

La sangre contrasta en el paisaje gris y triste. 

Mark se distrae un segundo y lo ve caer a Steve. 

Necesita ayudarlo, es su culpa que su amigo haya caído. 

Otra explosión fuertísima lo tira al suelo, otra vez el paisaje es mudo hasta que de a poco se va el zumbido y vuelve la realidad. 

Se levanta y escucha los gritos de sus camaradas para que se cubra. 

No puede, Steve lo necesita. A lo lejos escucha otra ametralladora Oerlikon antiaérea y mientras corre observa el polvo y las piedras que levantan los proyectiles. 

Algo lo golpea, se siente liviano, de hecho está volando, solo que no hay nada en el lugar donde estaban sus piernas. Cae al suelo mientras su mente vuela a su lejana patria y sus recuerdos se mezclan entre los de su novia Peggy, su hermana Sally y sus padres. El fragor de la batalla se apaga en la mente del muchacho mientras su sangre joven riega el suelo malvinense.

Ricardo Viti, 5 de abril de 2016

Related Post

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *