Natalio

El diálogo amable de los amigos lo arrulla tibiamente. Es un sonido que transmite felicidad, compañerismo, amistad. 

El conductor del micro se acerca por el pasillo y anuncia que se demorarán unos 15 minutos en salir.

Natalio suspira. Hace mucho que no se siente así. Cada diciembre se va con sus 5 mejores amigos a la costa, al chalet de uno de ellos en Cariló. Es siempre una ocasión alegre, pero este año lo es aún más, porque conoció a Rosita, la mujer que le ha iluminado la vida.

Sonríe mientras el pensamiento lo toma de la mano y lo lleva a su primer encuentro.

Le iba a pedir a Lilly, la administrativa, que fuera a buscar unos recibos a Caja, pero no estaba, y fue él.

Hacía un par de meses que la joven había entrado. Recuerda que le llamaron la atención varias cosas: los ojos pícaros y juguetones, la altura y la armonía de su cuerpo, y las piernas largas que lucían desnudas, apenas cubiertas por una minifalda.

¡Hasta se olvidó lo qué venía a buscar!

Por unos segundos se miraron sin decir palabra, luego se acordó de los recibos.

La sonrisa se amplía en el rostro de Natalio.

Se quedaron charlando un rato. Ella le comentó que estudiaba para Contadora y que experimentaba algunas dificultades en Matemáticas.

Él se ofreció a ayudarla, y esa misma tarde, a la salida del trabajo, fueron a tomar un café. 

Le llamó la atención que ella lo tuteara desde el primer día, pero al mismo tiempo eso lo hizo sentirse más cerca, y más joven.

Además, ella no paraba de decirle lo buen mozo que era y lo fuerte que se veía. 

Natalio, a sus 59 años, recibía los elogios como agua fresca de un oasis. Y luego, casi enseguida, vinieron esos besos en la mejilla que cada vez se acercaban más a la comisura de sus labios. Hasta que un día, de improviso, estos se tocaron, y para el hombre, fue como si hubiera recibido una descarga de 220 voltios.

Lo miró castamente, y con una vocecita de niña le sugirió ir a un lugar más íntimo, tranquilo.

Tomaron un taxi y la mujer le indicó al chofer la dirección de un hotel alojamiento. 

A partir de ese momento incorporó el acto de amor a su ajustada rutina. Una vez por semana, a la hora del almuerzo, se encontraban en el hotel.

Su vida no podía ir mejor.

La chica le hizo comprar ropas juveniles, y él cambió hasta el estilo de peinado.

Su esposa, también su prima, era una persona fría, aburrida, y algo tonta, ni se enteró de lo que pasaba.

El micro enciende el motor y una nube tóxica de diesel mal quemado brota frente a la ventana de Natalio.

¡Che, Natalio! ¡Hay una mina ahí afuera y te hace señas!

Natalio se siente arrancado de su reflexión feliz.

Mira por la ventanilla y, entre la nube de humo, aparece Rosita como un fantasma, con una expresión entre feliz y asustada.

El hombre no puede creer lo que ve. No le ha confesado a sus amigos el affaire y nunca se hubiera imaginado que la chica lo fuera a despedir.

Abre la ventana y antes de que le pregunte qué está haciendo ahí, ella grita:

¡Natalio!, ¡mi amor!, ¡estoy embarazada!

Ricardo Viti, 4 de marzo de 2023

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