Canal du Midi 2023

Desde hace muchos años que nos rondaba por la cabeza este viaje. Al principio pensábamos hacerlo los cinco hermanos, pero al final mi hermana mayor, Cristina, se bajó de la partida. Por un lado, fue una pena, pero por otro nos dio la seguridad de que alguien iba a estar cerca de mamá y sus 100 años. ¡Gracias Cris!

Luego de algunas vueltas tomamos la decisión, que no fue fácil entre cuatro hermanos. Lo haríamos a fines de junio del 2023, de esa manera no sería temporada alta y el tiempo debería acompañarnos. 

Como yo hice las reservas y tenía alguna experiencia en el manejo de lanchas, me erigí como Capitán, y a mi hermana María como Primer Oficial. Mis otras hermanas no se opusieron, por suerte. 

Fue un viaje maravilloso, lleno de aventuras, desafíos, paisajes espectaculares, momentos mágicos como el cenar a la vera del canal mientras el sol se escabullía entre los sembrados, o jugar al truco con baraja francesa (mea culpa por no haber traído las españolas) o reírnos a mares con las historias de nuestros personajes franceses. Sí, nos pusimos nombres franceses: Nora como Blonde, Elena como Amelié, María como Monique, y yo como Gerard.

Al principio intentamos llamarnos por esos nombres, pero no cuajó. Aunque una noche, a pedido mío, los personajes tomaron fuerza y cada uno contó como eran esos caracteres imaginarios: su edad, su vida, sus sueños, todo un experimento de creatividad e improvisación.

Las jornadas pasaron rápido y, a medida que el tiempo transcurría, íbamos aprendiendo a pasar por puentes angostos y bajos, amarrar, esquivar otros barcos, pero sobre todo a pasar las esclusas, que se nos aparecían muy seguido.

El siguiente es el diario de viaje de nuestro increíble periplo náutico:

Viernes 23 de junio de 2023 

María y su novio llegaron a Denia un par de días antes y los llevé a pasear por el pueblo y también en lancha.

La mañana de ese viernes nos despertamos temprano y salimos para Barcelona. A mitad de camino descansamos con un café. Luego fuimos derecho al aeropuerto de Barcelona para dejar a Pablo, la pareja de María, y recoger a Nora, que venía de Madrid.

Salvo el policía que se puso pesado porque había estacionado en un lugar prohibido y casi me multa, no hubo problemas, y al rato ya estábamos de camino a la casa de Natalia, una compañera de colegio de Elena, que la había cobijado por un día.

Nos encontramos con un poco de tráfico pesado, y una vez que estuvimos los cuatro en el auto, el GPS empezó a decirnos que íbamos a pasar por áreas de restricción de circulación, con la consiguiente posibilidad de multas Luego se sumaron un par de accidentes viales que nos dejaron detenidos por bastante tiempo.

Al final, en medio de un calor asfixiante, pudimos salir de Barcelona, parar en un Burger King para almorzar y luego ir a un Aldi a comprar provisiones (en Francia serían mucho más caras).

 Yo aproveché para dormir una siestita pues los más de 500 km ya me tenían muy cansado, y todavía quedaban unos cuantos más hasta el pueblito de Francia donde pasaríamos la noche. 

Milagrosamente, en uno de los atascos, me metí por un carril del lado de contramano que la policía había habilitado, y eso nos permitió ganar bastante tiempo.

Al caer la tarde llegamos a San Genis des Fontaines, un pueblito perdido en la campiña francesa donde Nora había reservado una casita antigua, pintoresca, toda para nosotros.

Tenía un sistema de entrada con clave y no encontrábamos la cajita, al final apareció.

También había una escalera misteriosa que no iba a ningún lado, subía y terminaba en la pared. Desde el ventanal se veía un patio de una casa que formaba parte de la nuestra, con una sombrilla y sillas, pero no había personas por ningún lado.

Fuimos a tomar algo para darnos la bienvenida y luego nos encontramos con las fiestas de San Juan, una hoguera inmensa y música en vivo donde bailamos “Volare” y nos divertimos hasta que nos venció el cansancio. 

No podríamos haber empezado mejor.

Sábado 24 de junio de 2023

Luego de desayunar y guardar todo en el coche nos fuimos a la playa de Algerés Sur Mer donde disfrutamos del mar. 

La playa estaba compuesta por piedras muy pequeñas que no llegaban a ser arena y molestaban al caminar. El agua placentera y enseguida dejabas de hacer pie.

Otra vez una mañana de mucho calor. 

Seguimos viaje a Port Cassafieres, a unos 150 km, lugar donde empezaríamos la aventura.

Llegamos a una de las bases de Le Boat. Como me habían dado hora para el check-in aprovechamos para almorzar ahí mismo. Luego buscamos un par de bicicletas alquiladas, hice el check-in y una vez que embarcamos el equipaje y aparcamos el coche realicé un pequeño entrenamiento para conducir ese mastodonte de 12 metros llamado Continentale, con sus tres dormitorios, tres baños, cocina, comedor y terraza.

Entre una cosa y otra zarpamos sobre las 17 hs.

A las dos horas llegamos a la primera esclusa (pasarlas no estaba incluido en el entrenamiento). Fue emocionante y nos salió 10 puntos, sin chocar a nadie ni provocar ningún accidente, aunque el proceso nos llevó bastante tiempo y al arribar a la segunda, en Villeneuve les Beziers, la encontramos cerrada hasta el día siguiente (cierran a las 19 hs)

Yo había hecho un itinerario preliminar para asegurarnos de llegar a destino, y de acuerdo a éste, ya íbamos con atraso.

Al inicio del viaje sorteamos los camarotes. Nora y Elena tuvieron los individuales y María y yo compartimos uno.

La primera noche en el barco fue tranquila. Comimos bien, jugamos a las cartas y descansamos. 

Yo estaba agotado y dormí como un tronco.

Domingo 25 de junio de 2023

Nos despertamos temprano, desayunamos y sobre las 9:00 estábamos listos para cruzar la esclusa.

El tiempo nos regalaba cada mañana un par de horas de fresco, que intentábamos utilizar para navegar. 

Al cabo de una hora arribamos a las famosas 9 esclusas de Fonseranes, una de las obras más impresionantes del Canal du Midi.

Hablando del canal. Fue construido en 1666 bajo la dirección de Pierre-Paul Riquet. Costó 17 millones de libras, de las cuales el 80% fue aportado por el rey de Francia (Luis XIV) y el resto por el propio Riquet. Tardaron 15 años y trabajaron 12000 personas.

Son 241 km, conectando Toulouse y Sete. Tiene una profundidad de 2 metros y son 63 esclusas a sortear.

El trabajo nos cansó pero sirvió de entrenamiento.

Ni bien las cruzamos nos enfrentamos con una curva cerrada y luego pasamos por un acueducto sobre el río Orb que se llama puente canal Beziers, o acueducto del Orb (puesto en servicio en 1858)

Ya se había pasado un poco la hora de almorzar, igual amarramos en Beziers y caminamos al pueblo.

Para poder orientarnos empezamos a hablar con lugareños en nuestro francés rudimentario y ellos nos guiaron.

 Bueno, caminar es un decir, pues en realidad subimos todo el tiempo, afortunadamente el último trayecto en un par de ascensores.

Encontramos todo cerrado, o lleno, salvo un restaurante con el hermoso nombre de Hallegria.

Vimos la catedral y la vista panorámica desde su terraza.

Al regresar el calor era insoportable, pero había que seguir.

Nos quedaba algo más ese día: El túnel de Malpas. Fue creado en 1679 bajo la colina de Ausseruna para hacer pasar el Canal du Midi. 

En aquellos tiempos hubo una disputa importante entre Riquet, que quería el túnel, y Clerville, el arquitecto del rey, que queria desviar el canal hasta el rio Aude. La composición blanda del terreno de la colina hacía difícil construir un túnel, por otro lado si se utilizaba el río tendrían los riesgos de sequías o inundaciones que podrían interferir el tránsito por el canal. 

Riquet, en secreto, le indico a su maestro de obra que continuara, y en menos de 8 días quedo el túnel construido, con una bóveda cementada de punto a punto. 

El túnel tiene 165 metros de largo, y no está iluminado. Las paredes son rugosas y es muy estrecho, solo da para un barco, por lo que hay que tocar bocina antes de cruzarlo.

El túnel se llama Malpas por ser una muestra del empeño de un hombre frente a sus detractores.

Luego pasamos por un sitio donde se podía cargar agua y nos duchamos todos. Queríamos conectarnos a electricidad pero cuando por fin encontramos la máquina había que tener una tarjeta especial para contratar el servicio, y como era domingo no podíamos comprarla.

Así que seguimos y paramos en medio del campo. 

Amarramos como pudimos, sacamos la mesa y las sillas y las pusimos en la senda de las bicicletas, total ya era tarde y no iba a pasar nadie. 

Cenamos con la caída del sol y la paz de la campiña, bebimos y jugamos a las cartas hasta que nos venció el sueño.

Lunes 26 de junio de 2023

Decidimos salir temprano para ganar tiempo y aprovechar la “fresca”.

Luego empezó el viento. Por un lado, refrescaba un poco, pero por el otro tuvimos que sacar la sombrilla, lo que nos dejaba expuestos al sol cruento del verano.

Al mediodía, con mucho calor, amarramos al lado de unos árboles e hicimos un pícnic con vino francés que resultó reparador, casi tanto como la siesta que nos tragó a los cuatro en la apacible sombra.

De pronto llegamos a un pueblito muy pintoresco con un puente antiguo y una librería antiquísima, era Saint Nazare d’Aude, así que nos detuvimos, cruzamos el puente caminando y fuimos a visitar el local.

Continuamos nuestro viaje hasta llegar a Homp, donde hay una base de Le Boat. Estos lugares tienen agua y electricidad gratis para sus clientes, pero hay que amarrar de culo, lo cual exige habilidades especiales.

Al final nos quedó un poco torcido el barco y ésto generó una fuerte discusión entre los tripulantes. Elena quería que soltáramos un cabo y que eso solucionaría el problema mientras el capitán y primer oficial pensaban que eso sería un desastre y empeoraría la situación. El capitán y primer oficial se negaron de plano y la nave quedó un poco torcida. 

Entonces salimos en búsqueda de una laguna que habíamos visto en el mapa. Nos bañamos, entre foil boards y kit surfs pues el viento era considerable. Más tarde cenamos a bordo una picada con gintonics, nos dimos una vuelta por el pueblo y jugamos al truco con baraja francesa, todo un ejercicio para la mente.

El barco hacía un ruido extraño y permanente desde hacia dos días, intentamos llamar sin éxito. Decidimos dejarlo para cuando llegáramos a Trebles.

Martes 27 de junio de 2023

Fue el día de más navegación, 7 horas. Salimos temprano para llegar a la esclusa a la hora en que la abren, y seguimos cruzando una tras otra. Elena y María se turnaban para usar las bicicletas por la senda a la vera del canal.

Los paisajes cambiaban todo el tiempo: campos de girasoles, que me recordaron a Van Gogh, colinas suaves, pueblitos a la distancia, hileras de árboles a los costados del canal. Una belleza tranquila pero interesante, matizada por una playlist de música francesa que había grabado para el viaje que lo hacía sentir a uno como si estuviera en una película.

Al mediodía paramos antes de una esclusa (me olvidé de contar que también cierran las esclusas al mediodía, para almorzar y descansar)

María encontró una mesa bajo los arboles y rápidamente tomó posesión antes de que lo hicieran otras tripulaciones. Nora preparó unos fideos al tuco deliciosos y, apenas se renovó el servicio de esclusas, avanzamos. 

Decidimos seguir hasta Treble. Después de la esclusa de Marceillete Nora consiguió que viniera un técnico de Le Boat a revisar el ruido, y tal cual lo profetizó María, se resolvió en un minuto, fue genial.

Las últimas tres esclusas fueron muy bonitas, algunas con una especie de pileta enorme en el medio. Nos detuvimos en una instalación de Le Boat y reaprovisionamos agua. 

En Treble preparé barbacoa y luego fuimos a caminar y a tomar algo. Al pedir la cuenta, el dueño del bar entendió que pedíamos otra ronda y nos la trajo. Cuando pudimos explicarle que era la cuenta lo que queríamos decidió regalarnos los tragos, así que dimos cuenta de ellos y dejamos una buena propina. 

Regresamos al barco y los alemanes de al lado, que estaban muy cerca pues teníamos los barcos amarrados de popa, hablaron hasta que me quedé dormido.

Miércoles 28 de junio de 2023

Salimos temprano de Treble, solo teníamos tres horas de navegación. Cruzamos algunas esclusas y llegamos a Carcassone donde otra vez tuve que maniobrar para entrar de popa. Ahí quedó perfectamente estacionado el Continentale.

Almorzamos en un bistró y nos tomamos un trencito a la fortaleza que quedaba a unas 15 cuadras. 

Para nosotros la fortaleza no era solo importante por lo antigua y bonita, sino que tambien era el dibujo de la etiqueta del vino Carcassone, el que papá solía tomar, y nos hacia ilusión ir allí.

En un momento Nora quedó rezagada porque necesitaba ver unos souvenirs y además le dolía la rodilla. 

Al cabo de un rato decidimos encontrarnos con ella, entonces le pedimos que nos enviara su localización por el teléfono. La empezamos a seguir pero llegó un momento en que su señal se extinguió. Yo justo estaba mirando el mapa y lo marqué para ir a ese lugar. 

Pasamos por un prado, por debajo de un puente que comunicaba con el castillo, y llegamos a unos arbustos y un muro, ahí se había perdido la señal de Nora.

Le enviamos un mensaje, que no contestó. ¿Qué raaaro? Pensamos como dice ella.

De pronto descubrí que detrás de los arbustos existía una puerta escondida, y que una de sus hojas estaba entornada.

Me dispuse a atravesarla.

¡No vayas! Dijo asustada María.

Elena me miró con cara de espanto. 

Nora debe estar del otro lado, respondí.

Entonces ni lo pensé, aparté unas ramas y me dispuse a cruzar.

No hizo falta, la silueta de Nora se dibujó en el umbral.

Estaba blanca, como si hubiera visto un fantasma.

Hola chicos, dijo con voz temblorosa.

Pensé que jamás los volvería a ver, agregó con lágrimas en los ojos.

Luego nos abrazó uno por uno.

No dijo nada más. Y nadie, extrañamente, le preguntó.

Nora y Elena se tomaron el trencito de vuelta.

María y yo volvimos a pie y disfrutamos de las callejuelas de la ciudad.

Más tarde salimos a tomar algo y comer una picada de queso camembert derretido, anchoas, fiambre y otras cosas tan ricas como peligrosas.

Tomamos caipirinhas y más tarde, a la noche, abrimos un champan en la terraza del barco y jugamos a las cartas.

Fue un día tan hermoso como … misterioso.

Jueves 29 de junio de 2023

Al final hicimos dos días en uno.

Salimos temprano de Carcassone con la idea de navegar hasta Villepinte, pero no fue así.

En las primeras esclusas nos encontramos con un grupo de italianos de Roma y Nápoles que venían en 7 barcos. En cada esclusa se peleaban, gritaban, se reían y chocaban alegremente sus barcos. Tenía que esperar a que se ubicaran para recién hacerlo yo, de lo contrario me involucraban en los golpes.

Almorzamos un arroz con verdura riquísimo que cocino Nora y seguimos viaje. Poco a poco, a pesar de que inicialmente nos pasaron sin pedir permiso, los dejamos rezagados aprovechando que paraban para almorzar. En algún momento nos encontramos con una esclusa automática y el esclusero nos enseñó a operarla. María incluso abrió ella unas compuertas en un momento en que no había nadie. 

Al llegar a Villepinte, viendo que era temprano, decidimos seguir y ganar tiempo, pero fue extenuante. Pasamos cerca de 13 esclusas más y cuando faltaban apenas 20 minutos para que se hicieran las 19 y cerraran llegamos a la última en las puertas de Castelnaudary, la esclusa del molino de Vivier, que es un molino de agua con muelas de piedra.

La cruzamos, nos detuvimos para visitar la tienda de productos artesanales y seguimos viaje.

De pronto el canal se convirtió en una especie de laguna, la Gran Bassin de Castelnaudary. 

Ocupe uno de los últimos sitios disponibles y amarramos el Continentale por última vez.

Ya estábamos listos para salir a pasear cuando cayeron las primeras gotas, que luego se convirtieron en lluvia torrencial. 

Por suerte ya estábamos amarrados, con electricidad y felices de haber concretado un viaje maravilloso.

Cenamos picada, jugamos al truco francés, y Gerard hizo que nos divirtiéramos mucho toda la velada.

En un momento, gracias a los gintonics, Nora decidió contarnos lo que ocurrió en la fortaleza de Carcassone. Estaba un poco chispeada y no sé si lo que dijo fue verdad o no. 

Parece que la puerta detrás de los arbustos era en realidad un portal temporal, y que apareció en ese mismo lugar pero en la Edad Media, y que espantada tuvo que esconderse.

Unos chicos sucios vestidos con andrajos, al verla tan bonita y bien vestida empezaron a gritar ¡une fée! (Un ángel). Alcanzaron a agarrarla, aunque a ultimo momento consiguió soltarse y volver a cruzar el portal, que del otro lado era el muro. Es decir que literalmente atravesó el muro. 

Muy raaaaro, diria ella misma.

Viernes 30 de junio de 2023

Había quedado con Michael, una especie de Uber que me llevaba por 179 euros a Port Cassafieres, en que me pasara a buscar por Le Boat y casi nos desencontramos. Yo lo esperaba en el lugar que pensaba que vendría y él apareció por otro lado, y fue a la recepción, donde le dijeron que yo no llegaría hasta el sábado 1 de julio, que era la fecha original de finalización del viaje. 

Por suerte lo llamé por teléfono y dio la vuelta.

Llegue a Port Cassafieres y recorri los 150 km a Castelnaudary. 

Las chicas ya habían almorzado en un restaurante y me habían comprado algo de comer para mi.

Descansé un rato, me fui a pasear por la ciudad y, por la tarde, lleve a Nora y María al aeropuerto de Toulouse. En un principio íbamos a pasar por el centro de Toulouse para pasear pero había manifestaciones y quema de coches, por lo que decidimos ir directo al aeropuerto.

Luego regresamos con Elena al barco y descansamos.

En un principio íbamos a hacer el viaje a Denia en dos partes, pues son 760 km, pero después decidimos que si todo salía bien intentaríamos llegar a Denia al otro día.

Viernes 30 de junio de 2023

Salimos sobre las 9:30 después de haber hecho el check-out y entregado el barco. Pasamos sin incidentes ni atascos por Barcelona para recoger la valija de Elena y seguimos viaje, parando cada hora y media para tomar café. 

Llegamos sobre las 19:30 a Denia, cansados pero contentos de haber tenido un viaje sin problemas.

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