Dos semanas han transcurrido desde que se iniciaron los combates. La Federación Mundial es un único país que preside el gobierno de la Tierra pues las naciones, como se conocían hasta el siglo XXII, han desaparecido.
Una flota alienígena, los Mutardos, intenta invadir el planeta azul. Ya han conseguido doblegar a las colonias marcianas. La próxima batalla será por la Luna, el último bastión antes de llegar a la Tierra.
El Capitan Morrison y su tripulación se encuentran del lado oscuro del satélite, en órbita geoestacionaria, dentro de una nave Turino380WS. Este pequeño vehículo lleva tres combatientes: el piloto, normalmente el Capitan; el copiloto, que cumple el rol de navegante, y el artillero/bombardero.
Bob Morrison nació en lo que antiguamente se conocía como Texas, Estados Unidos. De espíritu temperamental, sacrificado y agresivo, el Capitan ideal. El copiloto Teniente Kristo Von Allen, proveniente de una zona entre Alemania y Austria. Kristo es frío, inteligente, y pragmático hasta el hartazgo. A veces esa frialdad lo hace atractivo a las mujeres. La Teniente Mimi Caprice, artillera. Mimi nació en los Alpes, entre Francia e Italia, combina la sensualidad y femineidad gala con un rotundo cuerpo italiano. Para Kristo es sólo una integrante más de la tripulación, pero Bob la mira con un deseo ardiente que aumenta exponencialmente a medida de que pasa el tiempo. Y la nave es muy pequeña.
Hay un cuarto “tripulante”, la computadora de a bordo, bautizada Alexa en honor a uno de los primeros asistentes electrónicos, allá por el dosmil y pico.
Morrison lee los resultados de la liga de Football Mundial; Kristo repasa el manual de mantenimiento del cañón láser y Mimi se lima las uñas, cuando Alexa los sorprende por los parlantes:
-Atención, tripulación, nave enemiga en el sector 4.0.
-Alexa, identifique distancia y rumbo del enemigo -reclama Von Allen.
-Distancia 150 millones de kilómetros, hacia el satélite lunar, E.T.A 15 minutos a la velocidad actual, 22 con desaceleración estándar.
-Prepare escudo protector. Active torpedo de protones -ordena el Capitán.
La espera se hace insostenible. Hay que aguantar hasta que Mimi identifique al vehículo enemigo.
-Es una nave Mutarda clase Falcon exclama con la voz alterada. No podremos defendernos; nos supera en armamento y defensas.
-¿Refuerzos? -sugiere Bob.
-Negativo Capitán, el resto de la flota federal se encuentra en posición defensiva en órbita terrestre.
-Parece ser la nave insignia de los Mutardos -agrega Mimi.
Un silencio profundo como el universo que habitan los cubre por los minutos que restan. Cada uno de ellos reflexiona sobre la muerte por venir.
Mimi y su infancia en París, la familia que nunca más verá. Derrama lágrimas que, como pequeños planetas transparentes, flotan delante de su rostro.
Kristo revisa con eficiencia germana los procedimientos. Hay uno que sugiere (al mejor estilo Kamikaze): embestir al enemigo. Lo descarta, no por su efectividad, si no porque es una persona ambiciosa y quiere llegar a Capitán.
Bob analiza, en su mente ganadora, nuevas alternativas. Encuentra una que no está en los procedimientos: Utilizar el pod de evacuación, cargarlo con un par de torpedos, dar una vuelta a la Luna y atacar al enemigo por el lado que menos lo espera mientras su nave se escabulle hacia la superficie lunar disparando sus cañones.
No hay tiempo que perder. Lo discute con su tripulación, que al principio intenta detenerlo pues es una misión claramente suicida. Le ofrece su mano a Kristo y un abrazo intenso a Mimi, quien incrementa sus sollozos y parece rodeada de una nube de asteroides de lágrimas brillantes.
Lo ayudan a vestir el traje extravehicular requerido para ingresar al pod, y Bob parte a la sombra de su propia nave.
El Falcon se acerca, es inmenso, de varios kilómetros de ancho y otros tantos de largo.
Comienza el intercambio de disparos. El pequeño Turino380WS tiene una oportunidad mínima de escapar y mimetizarse entre los cañadones del Monte Rock, próximo al Mare Orientale.
Mientras tanto, el Capitán Morrison logra dar la vuelta a la Luna e impactar en el centro neurálgico del Falcon Mutardo.
Por un instante parece que nada ocurre, luego un destello más cegador que el sol sorprende a Mimi, a Kristo y a los aterrorizados habitantes de las bases lunares. El vehículo Mutardo explota y se parte en dos. Una parte cae sobre el satélite y la otra se pierde en el espacio exterior. Es un golpe crucial para la flota enemiga, que decide replegarse después de la desaparición de sus comandantes.
Bob Morrison ha muerto, pero su sacrificio no ha sido en vano.
¡ No !
¡ No !
¿Quién dice no?
-Soy yo, Capitán Morrison, y no quiero que el cuento termine así.
-Me dejás helado, Bob. Soy el escritor y tengo plena decisión sobre mis cuentos.
-Si no terminás esta historia como yo quiero, te arruinaré las próximas y haré que no puedas inspirarte.
Ademas, ¿qué te cuesta?
-Bueno, decime qué querés y veo cómo arreglo esto.
-Quiero no haberme muerto, hacer el amor con Mimi y ser un héroe.
-Está bien, pero con la condición de que no me interrumpas más.
-De acuerdo.
El Turino380WS recibe el impacto de algunos proyectiles, y a duras penas vuelve a la órbita lunar.
Una vez más Alexa sorprende a la pareja.
-Recibo señal del Capitán Morrison.
Mimi abre los ojos y la boca en completa sorpresa.
-Alexa, localice la fuente, encienda el canal de comunicación y regrese al Capitán.
-Roger -responde Alexa, y maniobra el traje autónomo por control remoto para acercarlo al Turino380WS.
Bob había evacuado el pod antes del impacto. Se salvó pero corría peligro de perderse en el espacio.
-Comunicación establecida -dice Alexa.
-Capitán, aquí Teniente Von Allen, ¿cómo se encuentra, señor?
Sonidos de estática responden a la pregunta.
Mimi cambia su traje por el de E.V.A (extravehicular activity) y parte para recogerlo.
Con mucho cuidado arrastra el cuerpo inerte. Una vez en el pequeño compartimento de descompresión le quita la escafandra y el resto del equipo, queda en un fino y delgado mono de licra.
Lo examina con detenimiento. No hay lesiones.
Bob abre los ojos. En un primer momento la chica se asusta, pero luego lo abraza desbordada de alegria.
Los dos cuerpos flotan juntos. Bob besa a la joven y ella responde.
Kristo pregunta si esta todo bien y Mimi contesta: ¡afirmativo! y sonríe.
Se quedarán unos minutos más para asegurarse de que la descompresión es exitosa. Kristo asiente e informa al Centro de Control el inmenso triunfo del Capitán Morrison.
Mimi y Bob ya están desnudos, hacen el amor y rebotan suavemente contra las paredes del reducido habitáculo. Al cabo de un tiempo, salen relajados y felices. Kristo los espera con un dejo de preocupación en el rostro.
-Capitán, uno de los disparos ha averiado el sistema de propulsión, los restos de la nave Mutarda nos han sacado de órbita y nos perderemos en el espacio exterior. Houston, lamentablemente, no nos puede auxiliar.
Una vez más se encuentran en un callejón sin salida.
El Teniente Von Allen prepara un reporte de la situación: El reactor de fusión no ha sido dañado y proveerá energía, aire y agua por tiempo indeterminado. Los alimentos, racionados, durarán unas 63 jornadas.
Se pierden en la inmensidad del espacio.
Los primeros dos meses Bob y Mimi se aman en el receptáculo de descompresión.
Al quedarse sin alimentos, Kristo estrangula a Mimi mientras Bob duerme.
Cuando despierta, el teniente le informa de su acción y sonríe mientras le dice que ahora dispondrán de alimentos por un mes más. El Capitán pierde el control y ataca a Bob con furia asesina. En el fragor de la lucha la nuca Morrison golpea contra el panel de instrumentos. Bob queda paralizado.
Kristo lo ata y comprueba, con placer, que su jefe no siente nada de la base del craneo para abajo. Cuando Mimi ya no esté seguirá con él, lo comerá vivo de a pedazos, le comenta con la mirada perdida en el Universo.
Prosigue con su monólogo: El Turino380WS ha dibujado una elipse alrededor de la Luna y en un par de meses estarán de regreso.
Nadie me dice cómo terminar mis cuentos.
Ricardo Viti, 21 de enero de 2019