Siesta

En la humedad sensual de aquella tarde de verano trataba infructuosamente de dormir la siesta. Cada tanto miraba por la ventana y contemplaba azorado aquellas nubes violetas, imponentes, y los relámpagos que llevaban escondidos.

Los truenos acompañaban mis pensamientos adolescentes, y el olor de la lluvia próxima generaba en mí deseos mojados como aquella lluvia inminente.

Por fin me levanté y salí a la galería. Mis padres dormían, solo se escuchaba el croar de las ranas, los truenos, y los latidos de mi corazón.

Sentí que alguien me miraba, giré la cabeza hacia la ventana de los vecinos. Había una silueta del otro lado, observándome. Enfoqué los ojos y me di cuenta de que era Ana, la hija de los vecinos, un par de años mayor que yo.

Levanté la mano y la saludé, ella me devolvió el gesto.

Mientras volvía a entretenerme con las formas opulentas de las nubes de verano, recordé las curvas de Ana, su bikini negro… la vi tomando sol… recordé mis fantasías construidas con su ropa interior colgadaen la soga del patio de atrás, recordé sus miradas pícaras, sus magreos con Luis, su novio (que por cierto hacía ya un tiempo que no aparecía), visualicé sus ojos negros, profundos, sus labios gruesos, su pelo lacio y oscuro, su largo cuello… noté que los pensamientos me producían una erección… 

Volví mi vista  hacia la ventana y noté que Ana seguía allí, observándome, casi de la misma forma que yo observaba las nubes imponentes de aquel cielo

-Espero que no se dé cuenta-, pensé, mientras los colores me subían por la cara.

De pronto la ventana se abrió un poco y la mano de ella se abrió paso y haciéndome señas como para que me acercara.

Lo hice, Ana solo tenía puestas una camiseta blanca y una bikini diminuta del mismo color. No pude evitar  devorar sus largas piernas morenas y el suave bulto de su pubis. 

 Tengo un problema Ricky , me dijo , algo le pasa a la lámpara de mi cuarto,  ¿no podrías revisarla? preguntó con una sonrisa intrigante. 

Con ojos asustados dije ¿ahora?, sí me contestó, bueno, respondí, y salí trotando hacia la puerta.

ANA

No recordaba la última vez que había hecho el amor. Estaba caliente y la tormenta la excitaba aún más, y ya estaba cansada de tocarse a solas.

Se levantó de la cama y se dirigió a la ventana para absorber el fresco de la lluvia inminente.

Alguien la observaba desde la galería de los vecinos,  era Ricky, el pibe de al lado. ¡Qué crecido que está!, pensó.  El bulto en la entrepierna delmuchacho le llamóla atención. ¿Por qué no?, se preguntó mientras abría un poco el mosquitero y le hacía señas con la mano para que se acercara.

¿Qué le digo?, pensó , y sin querer las palabras salieron solas de su boca. La lámpara de su cuarto no funcionaba, ¿no la querría revisar?, puso su mejor sonrisa seductora mientras los ojos de Ricardo se deslizaban por su ropa interior y la recorrían como una mirada tibia y amante. 

RICARDO

Ricardo se detuvo frente a la puerta de entrada, esta se abrió y a un costado Ana le hizo señas para que pasara. Se encontró en la penumbra fresca del living de la casa, la mano caliente de Ana atrapó su mano. Vení, le dijo, es por acá, y se dejó llevar , mirando aquella ropa blanca de algodón moviéndose sensualmente en el aire oscuro.

Llegaron a la habitación, Ana le señaló la mesita de luz. Ahí está, le dijo. Ricardo se acercó y comenzó a examinarla.

De pronto la mano de Ana caracoleó su nuca, más como una caricia que un masaje. Se dio vuelta y la vio sentada en la cama sonriéndole, vení Ricky, le dijo, dejame acariciarte.

Ricardo quedó de rodillas delante de ella, la tomó por la cintura, la abrazo, la piel hambrienta de Ana loestaba esperando. Se besaron como queriendotragarse, mezclando sus lenguas. Ricardo percibió un ligero mareo y una excitación creciente.

Las manos de Ana forcejearon con su traje de baño, él la ayudó. Al bajárselo rodeo con ellas su miembro. 

Luego ellase levantó. Se sacó la camiseta y la bikini, aquellas partes donde el sol no llega brillaron en la oscuridad.

Ricardo se terminó de sacar el short y abrazó nuevamente a Ana, cayeron sobre la cama y Ana abrió sus piernas. Tomó su miembro con una mano y lo guió hacia su centro. 

Su sexo captó la humedad resbalosa y caliente que lo aprisionó con dulzura, estaba entrando dentro de ellay una vez más se perdió en aquel mareo intenso de placer absoluto.

Comenzó a moverse , despacio pero firmemente dentro de la mujer mientras eéstalo acompañaba con un movimiento de caderas cadencioso. La sensación era incontrolable.

ANA

¿Cómo empiezo?, pensó Ana , y fue entonces cuando se le ocurrió acariciarle la nuca, no sabía por qué la nuca de los hombres la excitaban tanto.

Ricardo se dio vuelta sorprendido, ella una vez más dejo que de su boca salieran las palabras vení Ricky, dejame acariciarte.

Se abrazó al cuerpo duro y adolescente de Ricardo, buscó su boca y comenzaron a besarse con pasión. Le mordió los labios, dejó que la lengua de Ricardo la explorara, forcejeó con el traje de baño hasta que liberó su miembro y comenzó a acariciarlo, estaba caliente y palpitante y quería tenerlo dentro de ella.

Se levantó, cerró la puerta de su habitación y se desprendió de la camiseta y la diminuta bikini, Ricky mientras tanto hacia lo mismo con su short y observó con hambre su cuerpo joven y musculoso.

Se abrazaron desnudos y se dejaron caer en la cama. Él estaba encima de ella. Abrió las piernas y le tomo el miembro guiándolo hacia su puerta. Comenzó a mover sus caderas mientras sentía como él entraba en ella cada vez mas profundamente.

En un instante de cordura se dio cuenta que no estaban usando ninguna protección y le susurró a Ricardo que no se fuera dentro de ella pero que siguiera, que le gustaba mucho.

RICARDO

Ricardo no pensaba, todo su cuerpo era una máquina de placer. Escuchó que Ana le decía que no se fuera dentro de ella pero que siguiera, que le gustaba,  y eso lo excitó todavía más. 

Al cabo de un rato Ana le dijo date vuelta, dejame arriba tuyo. Se dejó caer de costado, salió de dentro de ella y quedó boca arriba en la cama., ella  lo montó y se dedicó a galoparlo suavemente.

Ahora la sensación se multiplicaba con la vista del cuerpo y los pechos de Ana, se los acarició y se irguió para besarlos. Ana se dejó hacer y continuó con una sensualidad sin pausas jineteando sobre aquel cuerpo vibrante.

El orgasmo comenzó a golpear su puerta., no doy más , le dijo, aguantate un poquito más por favor, contestó ella renovando los movimientos. Ricardo le tomó las nalgas con ambas manos y trató de no pensar en lo que venía, trató de concentrarse para no explotar dentro de ella….

ANA

Ana se cansó del ritmo de Ricardo, necesitaba marcarlo ella y lo necesitaba ahora. Dejame arriba tuyo, le dijo, y el salió de dentro de ella y se puso boca arriba. Ana se encaramo sobre su cuerpo y volvieron a unirse plenamente.

 Ahora si, pensó Ana, comenzó a moverse al ritmo que ella quería y el orgasmo creció en ella como un volcán a punto de explotar, ya estaba muy cerca. Las manos de Ricardo acariciaron sus pechos y aquella cosquilla comenzó a invadirla como un torrente de espuma, se agacho y dejo que Ricardo se los besara y se los chupara.

 Aceleró el ritmo. Ricardo le susurró , no doy más, y ella le dijo aun más excitada, aguantate un poquito. y renovó entonces su ritmo, ya casi estaba , ya estallaba. desde la base de la columna trepando hasta su nuca… se le escapo un gemido…

RICARDO

Ricardo se dio cuenta de que Ana estaba llegando, los latidos ahí abajo lo volvían loco, se concentró para no eyacular, pero no podía más, en el instante en que lo iba a sacar escucho el gemido de Ana, esperó , son solo unos segundos  pensó, pero algo lo saco de sus pensamientos…

Se escucho un golpe en la puerta de la habitación . Ana , ¡¡¡ya llegamos!!!,la voz de la madre de Ana sorprendió tanto a Ricardo que éste perdió el control y se volcó integro dentro de ella en impulsos incontenibles mientras un placer eléctrico lo recorría completamente, miró a los ojos de Ana,  los vio asombrados y asustados al mismo tiempo en medio de su propio clímax.

ANA

En el instante preciso en que su orgasmo explotaba por segunda vez golpearon la puerta. ¡¡¡Ana, ya llegamos!!!. ¡¡Mamá!!, pensó dando un pequeño salto del susto , mientras percibía el líquido caliente de Ricardo llenarla por dentro, observó entonces los ojos del muchacho mirarla asombrados y asustados al mismo tiempo, en medio de su propio clímax…

Ricardo Viti – Junio 12, 2000

Related Post

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *